domingo, 15 de noviembre de 2015

Experiencia de Sofía Lucero

Introducción

Desde abril hasta fines de agosto, con veintiún años recién cumplidos, se consumó mi menester imperativo de estudiante de un profesorado, “practicar”.
La emoción fue inconmensurable, mi residencia como estudiante de práctica docente en el Instituto Secundario Bernardino Rivadavia, conjugó el lugar donde transité toda mi formación inicial, primaria y secundaria con el lugar en el que comencé esta labor infinita que me define, la docencia.

La travesía

La residencia comenzó con un suceso que signó mi camino en 6to año Educación Física y manifestó un maravilloso porvenir que pronto comprobaría. Cuatro alumnos me escribieron una carta de “bienvenida” en la que expresaban a través de su característico tono humorístico, que esperaban que los ayudase “mucho” como ellos iban a ayudarme a mí. A petición irrevocable, guardé desde el primer día, aquel mensaje.
Ricardo, mi profesor tutor, me permitió con gran generosidad, formar parte de su clase como una “profe más”, y me brindó la oportunidad de realizar pequeños aportes en los diferentes temas que desarrolló.
Durante los meses previos a agosto, mes en el que desarrollé mis clases, cada uno de los 28 alumnos, en un hermoso gesto, me dio a conocer cada producción escrita de cada una de las actividades que realizó.
A lo largo de la experiencia me topé con típicos temores que muchas veces, se cimientan en el desconocimiento que creo, arraiga en el miedo a la contingencia que rige el aula escolar. Contingencia que gracias a las docentes de la cátedra, Beatriz y Graciela, logró resguardarse en el amparo de un gran instrumento, el denominado “guión conjetural”. Este resultó una sólida base que habilitó, en palabras de Gustavo Bombini (2013), un mapa posible de acción durante la práctica, en el que desplegué y preví futuras decisiones en torno al tema que se me asignó: obras que encuadraran el género de la Ciencia Ficción.
A partir de un consejo del tutor, surgió la necesidad de retomar a modo introductorio, el concepto de ficción, debido a que no se llegó a abordar con profundidad. Por lo que la primera clase, decidí iniciarla con un cuento de la escritora Silvina Ocampo, “La Soga”. Debido a que durante el primer y segundo trimestre se trabajó con novela breve, el tutor me recomendó, para no extenuar a los alumnos, emplear relatos de no más de cuatro carillas. Esto modificó algunas actividades que programé, pero no impidió que buceáramos en el gran campo que configura la ciencia ficción a partir de un artículo en el que el escritor Isaac Asimov vaticinó, hace veintiséis años, las redes sociales.
Desde el principio, el género despertó el interés de los alumnos, de tal manera que se exploró el carácter profético de autores canónicos como Mary Shelly, Julio Verne, Isaac Asimov, H. George Wells, Ray Bradbury y Aldous Huxley y su capacidad de ver más allá del límite de lo posible a través de sus aportes literarios; a través de dos conceptos claves: ficción y ciencia.
Luego, a raíz de un comentario que manó del discurrir sobre la temática regular del género –viajes en el tiempo, mundos virtuales, rebelión de las máquinas, manipulación genética- nació un gran disparador que nos permitió establecer diversas conexiones: un artículo, socializado en numerosos medios, en el que una vidente húngara auguró los próximos sesenta años del mundo. Aquí se efectuó otra modificación correspondiente a la propuesta de escritura.
Si bien el artículo de la vidente nunca fue el texto con el que propiamente pensé la actividad, resultó detonador de aspectos sumamente relevantes de las obras que enmarcan el género, como el vocabulario –tecnicismos y neologismos-, los personajes y las atmósferas utópicas y contrautópicas.
Ahora bien, destaco deslumbrada, la manera en que pudimos explicar el argumento de la novela de Adolfo Bioy Casares “La Invención de Morel” que debieron haber leído en un primer momento. Declamo impacto en el sentido que no siempre esperé su interés activo –como lo fue- y su amplio nivel de conocimiento puntual –literario- del tema. Quizás uno de los grandes errores que cometí, fue subestimarlos y mi gran sorpresa fue –desde el comienzo de la residencia hasta el final- lo mucho que siempre supieron y que no siempre se lo aprovecha o toma en consideración como lo fundamental que es. Al igual que Bombini, advertí que
“Los sujetos que están en las aulas saben acerca de muchos temas; los procesos alquímicos de saberes se construyen en el aula entre estos sujetos de aprendizaje y el docente” (Bombini, Labeur, 2013:27)
Asimismo, fue maravilloso hallarme ahí, en ese tejido de ideas, preguntas, risas, –les causó gracia la irracionalidad de pensar que hoy esos vaticinios pudieran llegar a suceder- dinámica risueña a la que me acostumbré desde el principio.
Las clases siguientes nos abocamos a resolver la propuesta de escritura en la que debieron imaginar qué pasaría si presenciaran algunas de las predicciones de la vidente, eligiendo no más de tres para relatar cómo lo contarían (en forma de noticia, anécdota, relato breve, un aviso, una descripción, etc) si se encontraran por ejemplo, en una Villa María, Córdoba o Argentina del 2164.
Al igual que con la lectura el requerimiento fue instantáneo y por grupos prevaleció la indecisión sobre la elección de las predicciones para trabajar y su menester inquietante de “si está bien o mal tal o cual cosa”.
Posteriormente se realizó la instancia de lectura de los trabajos en los que se reflexionó sobre el proceso escriturario y creativo. Para luego, concluir el tema con dos artículos sobre el escritor Julio Verne.
Mi felicidad fue inmensa, mejor hasta de lo que podría haberlo imaginado, no sólo realizaron la consigna en los términos que les había requerido, sino que también la disfrutaron; y la corrección por su parte, no se tornó complicada gracias a la continuidad que caracterizó a la residencia, lo que me permitió valorar e identificar, en gran medida, el trabajo individual de cada uno.

Conclusión

Para terminar, rescato el interrogante que se postula Bárcena Orbe en su artículo “Leer como salvajes. Recuperación de la educación como gesto literario” (2012) sobre la posibilidad de pensar la educación como una experiencia en sentido literario porque creo que si antes, ante la pregunta de qué es la literatura, respondí que para mí, literatura es todo, ahora habiendo concluido mi residencia, lo confirmo.
Bioy Casares, Shelly, Verne, Asimov y Bradbury, no sólo nos sirvieron para enmarcar un género literario, sino que oficiaron de puerta de acceso a innumerables temáticas que fueron desde la filosofía, la historia, el arte, la astronomía y hasta la física. Cada lectura desató un mar de preguntas y dudas que nos interpelaron constantemente.
No me quedan más que palabras de agradecimiento para mis alumnos y el tutor, su cariño como curso fue enorme – ¡hasta me aplaudieron!-, agradezco no sólo la excelente predisposición para trabajar conmigo sino también por su risa cómplice cuando me tocó ser observada por las docentes de la cátedra, su preocupación por que me fuera bien fue tal, que se desvivieron preguntándome qué nota “nos habíamos sacado”. Y para las docentes de la cátedra, Beatriz, Graciela, Luz y mis compañeras, porque gracias a su incontable apoyo, transité una gran travesía de aprendizaje.

Sofía Lucero



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