lunes, 16 de noviembre de 2015

Presentación

Este blog ha sido creado con la finalidad de compartir con todos y todas el recorrido y la experiencia obtenida a lo largo de este año en las residencias y en la práctica docente en las escuelas de nivel medio.

Somos estudiantes de la cátedra de Practica Profesional Docente III, del profesorado de Lengua y Literatura de la Universidad Nacional de Villa María; Córdoba, Argentina.

Las profesoras a cargo: Beatriz Vottero, Graciela Csaky y la ayudante Luz Camilloni propusieron un panel donde tuvimos la oportunidad de expresar lo que fue nuestro recorrido por las escuelas públicas y privadas de la ciudad de Villa María. Pero sabemos que a los conocimientos y experiencias debemos compartirlas, no sólo en las aulas sino al mundo entero, porque consideramos que la educación es el pilar fundamental para cualquier sociedad y consideramos que al mostrar nuestro trabajo realizado y sus logros estamos brindando al otro la ayuda, el pilar y las ganas que se necesitan para ser y formarse en profesores y profesoras. Es por esto que compartimos con ustedes nuestras ponencias en este blog.

Agradecemos cada aporte, cada palabra de aliento, cada sugerencia. Agradecemos a nuestra Universidad y profesoras por el trabajo y la confianza depositada en cada una de nosotras.

                                                                                 Estudiantes de la Práctica Profesional Docente III.








Palabras simples, simples palabras. Beatriz Vottero

Quisiera expresar, al cierre de este año lectivo y como responsable de la Cátedra de Práctica Profesional Docente III de nuestro querido Profesorado de la UNVM, que todas y cada una de las alumnas han hecho un gran trabajo; cada clase y cada tutoría fueron instancias de encuentro donde significó un aliciente escucharlas, ver la pasión, el interés por aprender, por seguir -siempre- aprendiendo, no sólo de los libros y del "saber" que permanentemente convoca a saber más, sino también unas de otras, solidaria y fraternalmente. Fue hermoso, asimismo, contagiarnos del asombro y la alegría que les producían los chicos en las aulas con sus intervenciones, sus escritos, sus preguntas, sus respuestas.

Me anima sentir que por fin las cosas están cambiando porque hay coraje, convicción, decisión, esperanza. Porque se trabaja mucho en nuestro Profesorado, desde cada una de las cátedras, por una formación académica de alto nivel, que no ceja en la búsqueda y en la renovación de los debates e investigaciones en cada una de las disciplinas que atraviesan el curriculum. Porque además sumamos permanentemente instancias de formación y de capacitación, sobre la base de las políticas extensionistas y de investigación de la UNVM, para darles a nuestros alumnos y profesores mejores recursos y siempre más acceso y participación en las diversas manifestaciones de la cultura y de la realidad social que reclama nuestra intervención como profesionales formados en la Universidad Pública.

Me regocija saber que los alumnos y egresados de nuestro Profesorado YA son la nueva generación de profesores que renueva la enseñanza de la Lengua y la Literatura, tomando la herencia que todos los profesores de la Universidad y de las escuelas les dejamos para recrearla, para ser mejores que nosotros. Como dice Hanna Arendt, “la educación es el punto en el cual decidimos si amamos al mundo lo suficiente como para asumir una responsabilidad por él, y de esa manera salvarlo de la ruina inevitable que sobrevendría si no apareciera lo nuevo, lo joven. Y la educación también es donde decidimos si amamos a nuestros niños [y jóvenes] lo suficiente como para no expulsarlos de nuestro mundo y dejarlos librados a sus propios recursos, ni robarles de las manos la posibilidad de llevar a cabo algo nuevo, algo que nosotros no previmos; si los amamos lo suficiente para prepararlos por adelantado para la tarea de renovar un mundo común.”

La Literatura nos extiende puentes, pasarelas, túneles, y también abismos para animarse a atravesarlos desplegando las alas.

Celebro la palabra, “ese pájaro de plata posado en el anca del aire”, como la nominó Edith Vera. La palabra que nos permite disentir, consensuar, preguntar, responder, dudar, buscar, bucear, explorar los sentidos del universo que nos circunda y del que somos parte sustantiva, que exige nuestro compromiso y nuestra apuesta a una escuela entendida como un derecho inalienable para todos, y en particular para quienes menos han recibido.
Celebro el lenguaje que nos construye, nos interroga, nos dice y nos hace libres.


Profesora Beatriz Vottero



Racimo de palabras. Graciela Csaky

Después de un intenso año de trabajo quisiera ofrecerles un racimo de palabras:

Compartir el camino,
conversar las posibilidades,
posibilitar los encuentros.
Amparar las angustias,
suavizar los miedos,
acompañarnos.
Decir las inseguridades
Palabrar las experiencias
y dejarse atravesar por ellas.
Sentir al otro, a los otros,
espejarnos en sus vidas.
Compartir el camino, siempre.
Caminando el compartir, siempre.


Profesora Graciela Csaky


Educar. Luz Camilloni

Educar

Educar es lo mismo
que poner motor a una barca…
hay que medir, pesar, equilibrar…
… y poner todo en marcha.
Para eso,
uno tiene que llevar en el alma
un poco de marino…
un poco de pirata…
un poco de poeta…
y un kilo y medio de paciencia
concentrada.

Pero es consolador soñar
mientras uno trabaja,
que ese barco, ese niño
irá muy lejos por el agua.
Soñar que ese navío
llevará nuestra carga de palabras
hacia puertos distantes,
hacia islas lejanas.

Soñar que cuando un día
esté durmiendo nuestra propia barca,
en barcos nuevos seguirá
nuestra bandera
enarbolada.

Gabriel Celaya

Tomo estas bellas palabras de Celaya para expresar la alegría y el orgullo que siento por haber sido testigo, aunque solo haya acompañado la etapa final, del hermoso trabajo que han realizado. Orgullosa por ver en sus miradas, en sus palabras, tanta pasión y compromiso por esta gran profesión que hemos elegido, la docencia.
Escucharlas y poder compartir con ustedes sus vivencias, sus experiencias, sus trasformaciones me ha enriquecido y ha llenado certezas mi esperanza. La certeza de que es posible lo imposible siempre que haya voluntad, pasión y entrega.
Su pasión,  sus deseos cargados de compromiso, la voluntad, el compañerismo, el respeto y el amor pusieron en marcha la barca de la educación. Y es por eso que vimos tantos barcos navegar, bucear a través de la palabra.

Las invito a seguir soñando imposibles, a seguir trabajando juntas salvando distancias, abriendo nuevos caminos, nuevas formas. A seguir luchando con el alma y el corazón en pleno vuelo.


Luz Camilloni



Experiencia de Valeria Pipino

Mi año universitario fue muy especial, luego de no asistir por un tiempo, decidí terminar mis estudios. Resultó ser una decisión totalmente acertada,  me regocijó el alma volver a recorrer los pasillos de las Universidad, las aulas, reencontrarme con los profes, conocer nuevas compañeras y hacer nuevas y lindas amistades.
Antes de comenzar  mi recorrido por la PPP III, mi incertidumbre era enorme, no sabía con qué me iba a encontrar o con quiénes, si me iban a recibir bien, si me iba a integrar. Fue una gran sorpresa cuando mis profes me recibieron con mucho entusiasmo dándome otra oportunidad, el afecto que me brindaron mis compañeras sin excluirme, al contrario, fui siempre una más.. y recorrí mi año de una manera especial, no como todas porque mis prácticas ya las transcurrí y disfruté años anteriores. Me encontré con una materia distinta, con nuevos planteamientos, otros interrogantes, materiales que nos enriquecieron y nos ayudaron a responder algunas dudas. Las experiencias dentro de las aulas de mis compañeras, me hicieron recodar mi paso por el Abrahan Juárez, y sus vivencias las sentí propias. Sus nervios fueron los mismos que los míos, sus inquietudes y alegrías también.
Ya no como practicante, pero sí dentro de las aulas, pude aportar mis experiencias y también mis inquietudes. Es un largo camino el que comenzamos a recorrer y es mucho más fácil y agradable si se comparte con personas como todas ustedes que se alientan, se acompañan y aconsejan en cada paso. Espero que nunca olvidemos ni dejemos de lado este entusiasmo que hoy nos invade a todas y que siempre recordemos nuestros encuentros de los lunes con nuestras profes. Y, por último, deseo que todas sigamos aportando nuestro granito a la educación y que sigamos confiando en nuestros pequeños alumnos que esperan deseosos una enseñanza que despierte sus ganas de involucrase y de aprender. 
Ojalá siempre vivamos fervientemente esta gran pasión y vocación que reafirmamos día tras día. Agradezco infinitamente a cada una de las que integra la cátedra, a las profes Beatriz y Graciela, a Luz y a todas ustedes, mis compañeras.

                               Valeria Pipino




domingo, 15 de noviembre de 2015

Experiencia de Daniela Asfura

Comenzar a hablar de mi residencia me resulta una tarea sencilla e incluso apasionante por lo agradable que me resultó esa experiencia, aunque quizás –y seguramente- no logre expresar todo lo que ocurrió en mí en ese trayecto que se extendió desde abril hasta fines de agosto. Risas, palabras, anécdotas, confidencias, preguntas, emocione, conforman un listado de palabras que son más que palabras. Si tuviese que resumir mi residencia en cinco minutos –como ocurre en esta ocasión- con esas palabras podrías hacerlo y me sobraría tiempo.
Comencé mi residencia con un par de dudas y una gran ansiedad. Temblé en mi primera clase, casi lloro en la última. Me encontré personas asombrosas que me enseñaron bastantes, otras que me hicieron reflexionar, un par que siguen intrigándome. Me encontré con esos sujetos de los que tanto teorizamos, a los que le atribuimos demasiados defectos o varias virtudes; con una página en blanco, un tema, una propuesta, treinta y ocho rostros, infinitas palabras desordenadas. Me encontré con teorías del aprendizaje, con estrategias didácticas, con demandas, con mi Yo de hace 5 años; con dos profesoras, un tutor, unas cuantas compañeras. Me encontré con tantas cosas que no puedo negar que de eso se trata. Porque cada clase es un encuentro; las que tuvimos en la universidad, las que ocurren en el curso, las que suceden en la soledad de la escritura.
Llevo cuatro años dentro de la universidad, pero son trece más los que tengo dentro del sistema. Son una larga lista de profesores, son diversos métodos de enseñanza, son diferentes ideologías que forman parte de todo ese recorrido donde me formé como esta proto-profesora que puso todo su esmero, ilusiones, expectativas en cada palabra escrita en el guion. Si, un guion; donde fuimos más allá de un listado de objetivos que deben tener sus verbos en infinitivo y que deben concordar con la sentencia “el alumno será capaz de…”. Donde no sólo hay lugar para la delimitación del tema; sino donde también para dudas, miedos, formas. En el que no copiamos veinte consignas, sino donde escribimos, re-escribimos, re-re- escribimos una consigna para esos chicos, nuestros chicos.
No siento que haya perdido el tiempo aquellos días de invierno en los que mi preocupación sólo era mi quinto educación física, el Nuevo Periodismo, Walsh, Capote. Esos días me la pasaba pensando cómo enseñar a treinta y ocho chicos de quinto año, de la especialidad Educación física del Instituto Secundario Bernadino Rivadavia, un tema cuasi literario: el Nuevo Periodismo; y fueron varias las horas que pasé encontrándole el sentido en el programa. Lo signifiqué desde mis ideales –porque es cierto que ser educador es ser político en tanto que no es posible y no debiera serlo, poder separarse de lo que como sujeto se es- y concluí que más allá de los recursos que ayudan en la escritura de este tipo de texto, lo fundamental es desnaturalizar la intencionalidad de los periodistas, escritores, personas; porque sólo así dejamos de ser ingenuos y podemos reflexionar acerca del lenguaje mismo y su no neutralidad. Aunque no lo trabajé en profundidad –porque el tiempo en el aula corre- esta postura permite trabajar, por ejemplo, la sintaxis de un modo diferente al trabajado tradicionalmente, porque no sólo es importante saber si una palabra es un sustantivo o un adjetivo, sino reflexionar acerca de porqué está ahí, qué función cumplía. A grandes rasgo lo conseguí pero sostengo que es una labor que no debe reducirse a un tema sino que, en estos tiempos, es necesaria durante toda la formación.
Quinto Educación física del Instituto Secundario Bernadino Rivadavia todo un desafío para mí. Primero por la institución ya que no fue mi primera elección, fue más bien coincidencia de horario. Segundo, un quinto año de treinta y ocho adolescentes; nunca antes pensado por mí en mis planificaciones pasadas, porque obviamente no era el arquetipo ideal que estaba en mi mente cuando en las clases de Didáctica pensaba en un curso de veinticinco estudiantes. Tercero, educación física; adolescentes hiperactivos que aman el deporte pero ¿qué tanto les interesa Lengua?
Cuarto, mes de agosto justo con el comienzo de los preparativos para Farándula, todo un evento para ellos que supone una “pérdida de tiempo” (pensado desde afuera). Pero si miraba cada uno de estos puntos con la negatividad que los acabo de narrar, iba a ser imposible llevar a cabo mis clases. Opté por ingresar al curso dejando de lado cada uno de esos prejuicios: la mejor decisión de mi vida. Sólo así puede dejarme sorprender por cada uno de mis “chiquis” como siento llamarlos. Sólo así conocí sus historias, sus pasiones, sus secretos. Sólo así pude encontrarme con ellos.
Considero que mi mayor mérito fue ese: conocerlos y permitir que me conozcan. Ese vínculo tan hermoso que formamos me dio fuerzas y valentía para enfrentarlos aquel jueves de agosto en la primera clase; y aun así temblé los ochenta minutos y ellos lo notaron (por ellos sé que temblé) e hicieron todo para que me sienta cómoda. Ellos mismos no me reconocieron esa clase, pero no me lo dijeron sino hasta el último día. Fue una ayuda que pasó inadvertida por mí, pero inconscientemente lo supe: no me estaban evaluando, me estaban escuchando; no estaban esperando que me equivocara, estaban tendiéndome una mano para que no me ahogue en tanta agua nueva.
El resto de las clases se iban dando casi por inercia, con su colaboración, me sentí cada vez más cómoda parada al frente, recorriendo los bancos, respondiendo dudas. Mis clases consistieron en un proceso inverso al que comúnmente nos encontramos en las aulas: partí del texto literario para explicar la teoría; fueron dos clases en las que buceamos por diferentes textos: noticias periodísticas, titulares de diarios que comparamos, relatos de non fiction de un escritor cordobés. Dos clases teóricas continuaron en las que retomamos constantemente aquellas características que percibimos casi intuitivamente las clases anteriores, para transformarlas en categorías conceptuales del género Nuevo Periodismo. A continuación, como instancia evaluativa  les planteé una propuesta de escritura inventiva que consistía en concretizar todos los conceptos trabajados (desde la teoría y la lectura misma) en un texto con características del género abordado; algunos la resolvieron técnicamente mejor que otros; que algunos le dedicaron mayor tiempo y otros no resolvieron (en el tiempo que permanecí con ellos).. Allí reside mi deuda pendiente con ellos. Debí acompañarlos más en esa instancia y quizás exigirles un poco más. Esa deuda, en cierta medida, me atormenta.
Más allá de las palabras lindas que puedo decir, hay una realidad que es necesaria dejarla en claro para evitar desilusiones futuras: a lo largo de la residencia y de la práctica no siempre salen las cosas como uno supone o quisiera; pero aunque nos posicionamos como profesores, seguimos formándonos y el error es algo inevitable que también es parte del aprendizaje. Incluso aunque nos recibamos y tengamos veinte años de docencia, jamás tenemos que olvidarnos que estamos en un constante proceso de formación; que debemos estar abiertos al cambio y las innovaciones que nuestros alumnos nos proponen o exigen. Porque además cada curso, cada uno de los miembros de ese curso, es distinto y uno no es el mismo siempre, sino que la experiencia lo transforma.
Si pienso en mi práctica hay varias cosas que cambiaría, porque ya no soy la misma de hace dos meses atrás, ya estuve frente a ellos, ya me encontré con cada uno, ya puedo vislumbrar cuáles fueron mis errores. Con esta experiencia cambié, crecí, aprendí.

Es inexpresable la gratitud que tengo hacia Javier, mi tutor, y hacia cada uno de mis alumnitos que ocupan un lugarcito en mi corazón y que no van a permanecer en el olvido jamás (aunque suene cursi o sacado de una película yanqui), porque ellos fueron mis primeros alumnos, con ellos viví el momento más lindo: mi primera clase.  Me comprometo, durante los años venideros, conservar el recuerdo de esta etapa, de las cosas que salieron bien, de las cosas que no salieron tan bien, porque en ella estoy segura que voy a encontrar las razones suficientes para seguir adelante en esta profesión tan linda y compleja que elegí hace un par de años y que volvería a elegir. 
Daniela Asfura


Experiencia de Milena Melgarejo

Cuando inicié el Profesorado traía conmigo muchas incertidumbres, a algunas fui sorteándolas en el camino pero otras nuevas aparecieron cuando llegó el momento de cursar la última práctica.  ¿En qué colegio me tocará hacer la residencia? ¿Quiénes serán mis primeros alumnos? ¿Les caeré bien? ¿Y si me preguntan algo que no sé? ¿Qué hago? ¿Qué digo? Todas estas preguntas me hacía y les hacía a mis profes y compañeras.
Me tomó de sorpresa una mañana, un mensaje de las profes comunicándome que a mitad de Abril comenzaría mi residencia en el IPEM N° 147 “Manuel Anselmo Ocampo”, en 4to año B Naturales, con la profesora María José Rinaldi. Estaba tan nerviosa y ansiosa que no veía la hora de que llegara ese día.

A continuación voy a compartir algunos momentos de mi residencia porque siento que fue y es una etapa de total aprendizaje, de afianzamiento, de superación, de esperanza y de amor por lo que elegimos: la docencia.
Lunes, siete y media de la mañana. Yo no conocía a la famosa profe Marijó pero me dijeron “es chiquitita y sonriente”, para que la identifique. Y en la puerta de la escuela, acompañada por la profe Beatriz,  me encontré con ella. Subimos a formar y luego fuimos al curso. Había 25 caritas mirándome, no entendían qué hacía ahí, hasta que su profesora los saludó y les dijo que yo iba a presentarme. Las profes de la práctica nos pidieron que llevemos más o menos pensado qué íbamos a decir en nuestra presentación. Bueno, todo lo que había planeado la noche anterior para contarles, no me salió. Igual les conté lo fundamental: cómo me llamo, cuántos años tengo, de dónde soy y cómo está conformada mi familia, qué y dónde estudiaba, cuánto tiempo iba a quedarme con ellos y qué era lo que iba a hacer. En silencio todos me escucharon, o por lo menos eso percibí.
Ubiqué un banco al costado derecho del escritorio de la profe y ella comenzó la clase. Les repartió una fotocopia a cada uno sobre los “Diez consejos de Julio Cortázar para escribir un cuento” y los chicos iban leyendo un ítem cada uno en voz alta. Cuando llegó el punto número 4, Marijó preguntó quién quería leerlo y una alumna respondió “que lea la profe” señalándome. Me tomó de sorpresa, lo leí y siguió la clase. Me gustó que me haya hecho participar, por más que haya sido una sola la alumna que lo pidió. Me fui contenta.
Mientras iba pasando el tiempo se iba afianzando la relación con los chicos, me pedían que lea, me agregaban a Facebook, comenzaron a ponerme Mg y un chico, muy tímido en clase, me escribió por chat. Ese día me contó que a él le gusta mucho la música y que tiene una guitarra que heredó de su papá, que este falleció cuando él era muy pequeño pero que deseaba seguir sus pasos en cuanto a lo artístico. Me sentí especial, estaba contándole algo muy importante de su vida a alguien que no conocía.
Y así fueron pasando los meses; aprendiendo sus nombres, ayudándolos con las actividades, leyendo entre todos, conociendo sus historias, sus gustos y tantas otras cosas. “Profe, ¿qué hizo el finde? ¿Vio que perdió River?”, “Profe, ayer discutí con mi novio, hace tres años que estamos juntos, ya no lo aguanto (y se reía)”, “Profe, ¿cuándo nos va a dar clase usted?”…escribo esto y me parece que los escucho.
La profe María José me ofreció su planificación para que yo elija el tema que quería dar en mi práctica. En ese momento estaba avanzada la unidad n° 2, entonces decidí tomar un tema de la unidad n° 3: Dentro del Género Dramático, Teatro Argentino: concepto, orígenes y evolución; acompañado de una obra de teatro de Armando Discépolo llamada “Mateo”. Y acá me surgieron otras dudas, ¿cómo doy este tema en una modalidad de Taller? ¿Cómo hago para que los chicos se interesen? Comencé a buscar bibliografía, videos, leí la obra y redacté la primera versión del Guion Conjetural. Cito a Gustavo Bombini y a Paula Labeur, quienes describen qué tenemos que tener en cuenta a la hora de escribir un Guion Conjetural:
“(…)En él imagina cómo serán sus clases, cómo desarrollará los temas que haya elegido o le hayan asignado, qué hará, qué dirá, qué propondrá hacer a sus alumnos e imagina también qué harán sus futuros alumnos en sus clases, cómo espera que reaccionen a sus propuestas (…)”
Ese guion fue y vino muchas veces, principalmente trabajamos el tema de la consigna porque creemos que allí está la motivación que tenemos que reforzar ya que, como plantea Maite Alvarado, “(…) una consigna bien formulada no cierra, abre”. De este modo, las primeras clases estuvieron listas, siempre con la opción de modificar algo según el trascurso de las mismas, y llegó el momento de dar inicio a mis prácticas.
Amanecí el lunes 7 de septiembre, seis de la mañana, para ir a hacer lo que tanto soñé. Llegué al colegio, María José me estaba esperando. Subimos a formar y cuando estábamos bajando las escaleras para entrar al curso, mi mente se quedó en blanco. Sólo sabía que era el momento. Mari me cedió su escritorio. Saqué mis cosas y las puse sobre él. Me temblaba todo.
‘Buen día chicos. Ha llegado el momento de realizar lo que les conté el primer día que llegué acá: mi práctica’ Todos callados, con algunas miradas cómplices, me prestaban atención. Anoté en el pizarrón “Mateo” 1923 – Armando Discépolo. Comencé preguntándole a los chicos si sabían de la existencia de teatros acá en Villa María, si habían concurrido a alguno, si en algún momento leyeron una obra literaria de éste género, entre otras cosas, a lo que varios me respondieron y eso me tranquilizó bastante. Ya casi no temblaba. Vimos dos videos de YouTube en los cuales se observó dos escenas de la obra de teatro que leeríamos la segunda clase. Mientras los comentábamos yo iba haciendo referencia a algunos de los acontecimientos históricos, políticos-socioculturales que sucedieron en esa época. Ya había dado todo lo que tenía planificado y cuando miré el reloj faltaban 10 minutos para que toque el timbre. 10 minutos, entré en pánico. Pero ya se pueden imaginar quiénes “me salvaron”. Sí, ellos, mis alumnos. Comenzaron a hacer más preguntas sobre el tema, hablamos de los inmigrantes; de sus padres, abuelos y bisabuelos. Tocó el timbre y seguíamos charlando. Fue genial.
Para la segunda clase yo había planeado que leamos la obra de Teatro en el aula, así que invité a Juli, Gabi y Giuli, tres amigas y compañeras de la práctica III, para que lean “Mateo” conmigo y la profe Marijó. La estructura de la obra está formada por tres cuadros y sus personajes hablan el Cocoliche, una mezcla del italiano y nuestro idioma, que nació en las épocas de inmigración. En el segundo cuadro, tres de los alumnos tomaron un personaje y leyeron con nosotras sin ningún inconveniente. Todos tenían las copias y seguían la lectura con la vista.
Así fueron transcurriendo las clases, los chicos me escuchaban, participaban, me hacían sentir realmente su profe. El último día hicimos en el aula un desayuno literario. Allí, ellos leyeron sus producciones, las cuales surgieron de las consignas que yo les di. Éstas consistían en: la primera, hacer un monólogo con un oficio que esté desapareciendo, hecho desde un personaje adulto de la actualidad. Luego, tenían que darle a una parte de ese monólogo un formato de rap. Los chicos al principio se quejaban de que “era muy difícil” pero después la hicieron sin ningún inconveniente. 
Es muy difícil contar en 5 minutos todo lo que viví en el transcurso de este año en el aula con los chicos. Siento que ellos confiaron en mí porque yo les demostré que confiaba en ellos. El último día les dije que estaba orgullosa de cada uno, que les agradecía por haberme hecho parte de su grupo, por haberme respetado desde el primer día. Les conté que tuve la posibilidad de elegir a qué colegio quería ir y que, cuando me enteré que iba a ir al MAO, me puse muy feliz. Que si tuviese que volver a cursar ésta práctica los volvería a elegir porque me llenaron el alma, porque aprendí con ellos, porque conocí a una profe que lleva la vocación en el corazón y que me transmitió muchos valores, porque me fui FELIZ y llena de recuerdos, porque se puede, porque todos somos capaces de cumplir nuestros sueños si realmente lo deseamos.   
Para finalizar este escrito les dejo una cita de Fernando Bárcena Orbe que a mí me hizo pensar a la educación como una instancia de constante aprendizaje, en la que no todo va a salir como queremos pero que eso nos tiene que dar fuerzas para mejorar y crecer día a día. Para valorar los momentos, para no mirar hacia un costado, para involucrarnos con nuestro futuro: ellos. 
“(…) Educación como experiencia, como posibilidad de que algo nos pase. La educación como inyección de imaginación. La educación como un viaje. Y también, y como la literatura, la educación como el encuentro con un posible desencanto, con la distancia entre lo real y la exigencia de cómo deberían ser las cosas (…)”

Milena Melgarejo



Experiencia de Macarena Aguilar

Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra.
José Martí
Antes del aula
La Residencia comienza mucho antes de ingresar a un aula. Me atrevo a decir que nuestra Residencia comienza en el momento, difuso tal vez, en que esbozamos poco a poco nuestro “rol docente”, como solemos decir. Comienza cuando empezamos a elegir lo que queremos hacer cuando demos clases y, lo que es más común, lo que no queremos reproducir. Comienza cuando nos damos cuenta de que la Educación es política y tenemos que tomar decisiones y nos problematizamos acerca de todo lo que implica trabajar como profesor a la vez que somos estudiantes. Comienza cuando nos enojamos porque un docente de nuestra Universidad no es como desearíamos que fuera en pos de una Educación transformadora. Como sería muy extenso contarles todo lo anterior y no es el fin de este encuentro, sí voy a desarrollar un poco mi experiencia en el espacio curricular de Práctica Profesional Docente III.
Al comenzar el año, conversamos algunos temas que nos interesaban y recordamos puntos centrales que hemos tocado a lo largo de nuestra formación universitaria. Por supuesto, la ansiedad por conocer a qué escuela iríamos estuvo desde marzo y fue tarea de las profesoras tranquilizarnos y darnos calma. Es el momento de los nervios, los miedos, los prejuicios, los anhelos, las expectativas.
A continuación, cito un fragmento de mi cuaderno de bitácora:
15 de abril
Desde que las profesoras nos confirmaron la residencia el día de ayer, no dejé de pensar en lo que me esperaría. Los nervios y la ansiedad son insoslayables como así también el temblequeo que me produce imaginarme frente a muchos ojos observándome. Siento que todo lo que he anhelado desde que comencé a estudiar en la universidad y, por qué no, desde que jugaba a la maestra cuando niña, poco a poco se va concretando. De a poco, me voy convirtiendo en profesora, en formadora de personas, en una huella profunda que calará quién sabe a cuántos jóvenes.
De esta manera, con más preguntas que respuestas, hoy a las 9 a.m. ingresé al 5° B Naturales del Colegio Rivadavia. Antes, me encontré con la profesora de Práctica, Beatriz, y mi tutora de residencia, Valentina, para conocernos antes de empezar. Ambas me contuvieron y aconsejaron. Valentina me dijo que no deje de sonreír y lo intenté (aunque no me costó porque estaba muy feliz en ese momento). Entramos al aula y había 14 personas esperándonos, de las 17 que son en el curso. Todos atentos, escucharon mi presentación y luego oí sus nombres tratando de recordarlos.
Luego de las formalidades, comenzó la clase. Sacamos “Bestiario” y empezamos a trabajar el cuento “Lejana”. Primero, buscaron las palabras desconocidas; mientras, la profe me contó muchas cosas sobre el funcionamiento del colegio, la materia y sobre otras cuestiones sobre Literatura y su oficio de titiritera. Posteriormente, los chicos leyeron el cuento en voz alta e intercambiamos opiniones.
En general, la clase fluyó de manera tranquila y sin sobresaltos. Yo me sentí muy cómoda y creo que la profesora tiene mucho que ver en ello. Sigue hostigándome un poco, tal vez, la inmensidad del colegio y el barullo constante que proviene de los pasillos. Pienso que, lentamente, me iré acostumbrando. Me fui del aula con muchas expectativas y ganas de volver. Creo que voy a poder trabajar muy bien aquí y el vínculo entre todos los que conformamos el aula será fantástico. (Bitácora; pág. 1)
Y así pasaron mis días en el aula, conociendo a los chicos y tratando de poner todo de mí para que nuestro vínculo fuera como deseaba: una relación basada en el respeto y la confianza, en el afecto y el compañerismo. Pronto, tuve que elegir el tema que me tocaría dar y comenzó el desafío de elaborar mi guion conjetural donde desarrollaría mi propuesta para el aula. Con la ayuda de la profesora Beatriz, ante todas las posibilidades que me abrió la profesora Valentina, elegí “Literatura de reivindicación femenina” dentro del proyecto Literatura de los desplazados.
Con el tema en mi cabeza, me puse a investigar qué había aprendido al respecto y qué podía llegar a utilizar. Por supuesto, no fue fácil. Se me complicaba recortar y seleccionar, elegir lo que considerara mejor o más significativo. Me daban ganas de que leyéramos a un montón de escritoras, pero el tiempo era escaso. Tuve que pensarlo muy bien antes de elegir y fue así que emprendí la escritura del guion, el cual fue revisado una y otra y otra vez por ambas profesoras de la Cátedra. De todos modos, lo más complicado devino de la toma de posición frente a un tema bastante controversial.
“Estudiar no es un acto de consumir ideas, sino de crearlas y recrearlas” P. Freire
¿Cómo les iba a pedir que pensaran como yo? Tiré una piedra al estanque y dejé que allí algo sucediera. Nunca dejé de sorprenderme ante los diversos resultados y ojalá hoy esa piedra siga disparando ondas y esas ondas lleguen a alguna orilla.
Elegí hablar sobre Literatura de reivindicación femenina, un tema que exige ineludiblemente tomar una postura clara al respecto. Siempre tuve el miedo de “bajar línea” o de imponer mis opiniones. Sin embargo, jamás pensé en ocultar lo que pienso o intentar dar el tema de una manera objetiva porque es imposible y mentiroso. Además, si queremos formar estudiantes críticos y comprometidos no podemos mostrarnos como personas a-políticas o a-críticas.
Entonces, partí desde la idea de que las mujeres siempre fuimos sujetas oprimidas en las sociedades occidentales y que podíamos conversar sobre ello en la Literatura, teniendo contacto con nuestra propia realidad y creando nuestras propias reflexiones. A su vez, no quería que la Literatura fuera un mero discurso a través del cual decir algo o denunciar una injusticia, por lo que también me mostré como lectora y eso fue muy interesante. A los y las estudiantes les gusta saber qué nos enamora, qué nos disgusta, qué nos enoja porque a ellos también les pasan cosas por el cuerpo.
Cito nuevamente un fragmento de mi cuaderno de bitácora:
10 de agosto
En PPD III, conversamos sobre nuestros guiones conjeturales. El mío fue producto de mucha investigación, exploración, de idas y vueltas con las profesoras, de cambios de rumbo. Considero muy importante el guion conjetural, que tomamos de Gustavo Bombini, como una guía y como un organizador que nos obliga a hacer un recorte en función de nuestros objetivos y del grupo. Dos compañeras ya empezaron su práctica y otras estamos muy próximas. A mí me toca mañana y tengo una mezcla de sentimientos y preocupaciones que me desestabiliza un poco.
Uno de mis principales miedos es mi relación con los chicos. Siento que no he sabido construir un vínculo fuerte y ameno con ellos y eso ha llevado a que no los conozca tanto. Por otro lado, confío en mis conocimientos, en mi formación y en mi pasión por esta profesión. Intento dejar algunas sensaciones de lado, algunos sentimientos muy profundos e íntimos que me puedan llegar a quebrar.
Mis profesoras de Práctica, Valentina y mis compañeras me alientan y me empujan para adelante. Para mí es muy importante saber que hay personas acompañándome y que, si algo sale mal, me van a ayudar a remediarlo. (Bitácora; pág. 6)
11 de agosto
Pasó el primer día de mi práctica y me dejó muchos interrogantes. Me sentí cómoda, muy poco nerviosa y pude hablar claro sin trabarme. Eso, para mí, ya fue un gran paso. Sentí que el aula es mi lugar y es lo que deseo para mi vida.
En un primer momento, como había planificado, interpelé a los estudiantes sobre el nombre del proyecto y del tema que vamos a trabajar. Les comenté la propuesta y cuál es el camino que les propongo que sigamos. Aquí ya se me presentó una cuestión no menor que continuó durante la clase y que era de mis principales miedos por lo poco que los conozco: nadie habló, nadie me respondió, sólo una chica. Por momentos, había silencios que, luego de unos segundos, habité con reflexiones sobre el tema. Yo hubiera preferido que fuera una conversación, en términos de Skliar, pero no lo fue y me volví a mi casa con el desafío de revisar esta cuestión y de repensar qué tan indagadoras son mis preguntas. Movían la cabeza asintiendo que entendían, me miraban, me “prestaron atención”, pero yo no sé qué les sucedió a ellos en este encuentro porque no me dijeron nada.
Luego les comenté sobre la actividad y se dispusieron a hacerla. Emplearon los celulares para buscar palabras desconocidas y dos o tres para enviar mensajes o estar en Facebook. Valentina, cuando los veía a estos últimos, les decía que los guarden. Siento que ella, en todo momento, veló por mi bienestar y quiso que me sintiera cómoda. Dos grupos trabajaron muy bien y se notaba que les interesó el tema. El grupo de tres varones no trabajó tanto, aunque por momentos buscaban información y anotaban algo. El otro grupo, el principal desafío para mi práctica, no demostró demasiado interés y una estudiante me “desafiaba” algunas veces, como hace con Valentina, en “pose de rebelde”.
De este último grupo, destaco un momento en el que Martín me interpeló con “Este es Español español, el correcto”. No dejé pasar la oportunidad para que reflexionemos sobre esa afirmación, para que pongamos en cuestión nuestra idea sobre “hablar bien”, pero seguí sin tener respuesta. Sí noto que lo que les digo les suena novedoso o, por lo menos, raro. Eso me da la pauta de que algo se van a llevar de mi paso por el aula y me da un poco de esperanza de que en las próxima clases podamos dialogar realmente. Sé que tienen mucho para decir y les falta animarse. Y a mí me falta crear las condiciones o el ambiente ameno para que podamos conversar de igual a igual.
De la clase me fui con un sabor amargo porque considero que, si bien me escucharon y tal vez entendieron de qué estamos hablando, no los movilizó demasiado mi propuesta. No me quedo conforme y voy a repensar la actividad de mañana. Tal vez sea necesario que leamos un poema de Sor Juana juntos. O, tal vez, Storni los atraiga más. (Bitácora; pág. 7)
Como podrán observar, el panorama era un poco desalentador al principio. No obstante, en la clase siguiente se revirtió y logramos discutir ideas a partir de la experiencia y formación de cada uno. Fue interesante el intercambio, la diversidad de opiniones que despertaron las Redondillas de Sor Juana y cómo entre los propios compañeros se contra-argumentaban.Surgieron cuestiones de actualidad como la crianza de los hijos y la Marcha del #NiUnaMenos, pero también reflexiones sobre la Historia del Patriarcado y la cultura machista en la que vivimos.
El elogio oportuno fomenta el mérito, y la falta de elogio lo desanima." J. Martí
Luego de algunas semanas de leer a poetas y oír cantantes, de cambiar sobre la marcha lo que había “guionado”, pero sin perder el hilo, las y los estudiantes emprendieron la escritura de sus propios versos. Fue una aventura, para mí, pasar por los bancos y acompañar a los chicos. Noté que los extrañó un poco encontrarse con una consigna “larga”, pero a la vez se sintieron acompañados supongo. Y, como lo venía anticipando en días anteriores, comenzaba a asustarme un poco la exigencia de revisar sus escritos e, incluso, ponerles una nota. Por ello, es importante tener en claro qué queremos lograr con nuestro paso por el aula y, desde allí, partir con la propuesta concreta y los criterios para revisar las producciones.
A veces, creemos que si elogiamos a nuestros estudiantes los trasladaremos a un lugar de mediocridad y estancamiento. Creemos que la autonomía y la emancipación deben construirlas solas y solos, que el carácter se forma en la austeridad de uno consigo mismo. Nada más lejos de la realidad. La enseñanza implica un vínculo y mucho más que eso. Implica que ese vínculo se un fueguito que jamás dejemos apagar. Es allí donde debemos poner nuestro cuerpo y nuestra cabeza para que juntos, profesoras y estudiantes, logremos alcanzar nuestros objetivos.
Hoy, luego de pensar muchas veces sobre lo que hice en mi Práctica, sigo pensando que seguramente no le presté suficiente atención a algún estudiante. No dejo de reflexionar sobre lo que sucede con aquellas y aquellos que no hablan, que no dicen, que no nada y que, sin embargo, nos están diciendo todo con su silencio. Pienso que una debe estar atenta a todo lo que sucede en el aula, pero también a lo que no sucede. Hemos estudiado en varios espacios curriculares que lo “no dicho” es quizás lo más difícil de considerar, pero no menos importante que lo verbalizado.
Finalmente, llegó el día en que dejaría el aula. Sinceramente, yo estaba un poco cansada por las exigencias de la Universidad, la militancia y la vida diaria. En algún punto, deseaba terminar mi Residencia. Sin embargo, cuando llegó el día de despedirme, sentí que estaba abandonando un espacio único e irrepetible en el que había conocido personas maravillosas y en el cual aprendí muchísimo. Al pronunciar mis últimas palabras en el aula se me hizo un nudo en la garganta. Si bien no soy partidaria de las despedidas, sabía que esta era particular y yo estaba y estoy muy agradecida con ese curso que me abrió sus puertas y me hizo parte, con esa profe que siempre fue tan amable conmigo y me dejó total libertad para trabajar e incluso para elegir el tema. Fue una experiencia con todas las letras. Definitivamente, no soy la misma persona luego de ese 5° “B” Naturales y mucho menos después de esos 16 escritos tan movilizadores que escribieron los chicos y que con gusto los convidaría en cualquier lugar.
Luego del aula
Durante y luego de mi Residencia, las clases Práctica siguieron consolidándose como un espacio de reflexión y de construcción de conocimiento colectivo que siento que me enseña mucho. En el Aula virtual, hace algunos días, Juli, una compañera de Práctica, nos compartió un poema de Juarroz aludiendo a la enseñanza de Literatura:
7
Cuando se ha puesto una vez el pie del otro lado
y se puede sin embargo volver,
ya nunca más se pisará como antes
y poco a poco se irá pisando de este lado el otro lado.
Es el aprendizaje
que después no se resigna,
a que todo lo demás,
sobre todo el amor,
no haga lo mismo.
El otro lado es el mayor contagio
hasta los mismos ojos cambian de color
y adquieren el tono transparente de las fábulas.
Me pareció una excelente intervención para expresar que uno atraviesa hacia otro lugar cuando ama la Literatura. Y también es atravesado.  Y qué importante contagiar a "este lado" de todo lo que tiene "el otro lado". Y creo que se trata de eso enseñar Literatura. Creo que se trata de convidar, de mostrar, de abrir ese otro lado que a veces parece cerrado y que algunas personas parecen querer cerrar como una urna funeraria, como una cámara de frío que conserve intacto por mucho tiempo lo que está ahí adentro. Y no se dan cuenta que "lo que está ahí adentro", la Literatura, nos pertenece a todas y todos porque habla de nosotros y porque existe gracias a que existimos.
Y lo digo con muchas metáforas porque no sé si se puede referir a la Literatura de otra manera. ¿Qué es la Literatura? ¿Qué es Literatura y qué no? Para explicarlo siempre tenemos que acudir a una metáfora, a un sentimiento, a una situación, a un momento de nuestra vida o de LA vida. Siempre es relativo y está sujeto al sujeto o a la sujeta que está pensando en esas preguntas.
Entonces, pienso que enseñar Literatura también es enseñar a hacernos preguntas sobre ella y a tratar de responderlas, pero nunca a dar por finalizado ese debate con nosotrxs mismxs y con otrxs.
El fueguito de la Literatura será encendido una y otra vez en la historia de la Humanidad. Estoy segura. Estoy segura porque es imposible vivir toda una vida sin hacernos preguntas sobre la condición humana y tratar de responderlas. Estoy segura porque es imposible vivir toda una vida sin imaginar una historia. Porque siempre existirán niños, de verdad (biológicamente hablando) o interiores (no-biológicamente hablando) y de ellos nacerán historias y canciones y poemas. Porque siempre habrá un profe o una profe de Lengua y Literatura o cualquier otra persona que ame la Literatura y desee que otros lo hagan también. Porque cuando uno ama algo desea que todo el mundo lo sepa y que lo haga porque no hay nada más lindo que amar. Y por eso es que Juli nos comparte poesía siempre y ni se imagina lo que eso puede generar.
“La Educación no cambia el mundo: cambia a las personas que van a cambiar el mundo” P. Freire
Agradezco que hoy estén aquí muchas compañeras y muchos compañeros que eligieron el camino de esta hermosa tarea. Tomaron esta decisión con valor, con ingenuidad tal vez, con amor a los otros y, sobre todo, con curiosidad. Las y los invito, compañeros, a que nunca dejen de pensar a la Educación como una forma de amor, de calidez, de armonía, de comunidad.
En mis prácticas, fui testigo y partícipe de una enseñanza: nada bueno podremos lograr en un aula si no lo llevamos adelante con amor y, no menos importante, con la convicción de que en esas cuatro paredes somos todos y todas diferentes, pero iguales en nuestros derechos.
Seremos educadoras y educadores. Tomemos nuestra tarea con responsabilidad y convicción. No crean que todo está perdido, que nada puede mejorar. Nos compete ser optimistas además de pedagógicos, alegres además de expertos, vitales además de estudiosos.
Cuando ingresen a un aula, hagan un esfuerzo por dejar sus pre-conceptos fuera porque sino sus prácticas se verán siempre limitadas y la Educación no puede tener un techo. Es muy difícil, pero necesario. A mí me costó y me sigue costando despojarme de todas esas cosas que he escuchado en mi paso por el Sistema educativo y que nada aportan a nuestras reflexiones. “Que los chicos no tienen imaginación”, “Que hay que aplicar mano dura para que aprendan”, “Que las nuevas generaciones están perdidas”, “Que el trabajo en equipo no sirve porque se ponen a charlar”.
Y me pregunto. ¿Para qué estoy en un aula? ¿Por qué elegí este oficio de enseñar que es tan complejo y agotador? La verdad es que no tengo una respuesta. Pienso que esa respuesta irá mutando conforme pasen los años. Lo que sí no negocio es que estoy en un aula porque creo, casi con religiosidad, que la Educación transformará el mundo y lo hará más justo, más digno y nos hará libres a los seres humanos. Es por ello que lo que quiero para el mundo trato de trasladarlo a mis prácticas, a lo cotidiano, al día a día. Siento indispensable fomentar la solidaridad y el compañerismo, la reflexión y el cuestionamiento, la pregunta y el compromiso, lo particular y lo colectivo, lo autobiográfico y todos los mundos locos que se nos puedan ocurrir.

Macarena Aguilar



Experiencia de Tania Coronda

La siguiente comunicación o ponencia surge a partir de mi experiencia como residente en el Instituto San Antonio de Villa María dentro de la cátedra Práctica Docente III
Recordar, mirar y pensar desde esta perspectiva se siente agradable, sin embargo muchas emociones, nervios y estados de ánimos diferentes experimenté desde aquel 14 de abril en que ingresé por primera vez al Instituto San Antonio. Incertidumbre. Por fin, me tocaba ingresar a un aula para cumplir un “rol más activo”, recuerdo esas palabras de la profe de cátedra, diciéndonos que debíamos acompañar y ayudar a nuestra profe tutora y acostumbrarnos a la idea de que posiblemente los alumnos nos llamarían “profe”.
Entre tantos recuerdos, no puedo dejar de pensar en el recibimiento y la calidez de Andrea, mi profe tutora. Ella inició la presentación de aquel día, me habló de los chicos, de cómo era particularmente ese grupo y me dio palabras de aliento y otras que calmaron bastante mis nervios y mi ansiedad. Me recomendó, entre otras cosas, no tener miedo a no saber algo, no perder nunca la curiosidad por cualquier tipo de lectura y hablamos también de lo importante que es hacer que los alumnos piensen, se pregunten y aprendan a argumentar. Desde su sencillez y bondad me brindó ese pequeño y enorme lugar al lado de su escritorio en el cual aprendí muchísimo.
Al principio me costó acercarme a los chicos, creo que las primeras clases quería detenerme a conocerlos a ellos, a escucharlos, a observar todo, quería contestar sus preguntas, pero recién empezaba a hacerme la idea del lugar que ocupaba en ese quinto año, en ese curso y en ese grupo en particular.
Llegada la segunda semana de clases, la profe les presentó a los chicos un tema y dio comienzo a la unidad II: “El texto literario”. Andrea les pidió a todos los alumnos que se reunieran en el salón de actos porque les tenía preparada una sorpresa. Los chicos se encontraron con un “árbol” (hecho artesanalmente) lleno de hojas con fragmentos de diferentes textos literarios. Me pareció una hermosa manera de acercar a los chicos a la literatura, me pareció una propuesta creativa, pero sobre todo, destaco la intención de parte de Andrea de que se produzca, en palabras de Bárcena Orbe:
El placer de leer, el goce de entrar en contacto con un texto y sumergirse en un relato fascinante o en una trama de ideas bellamente trabadas (Bárcena Orbe, 2012).
La reacción de los chicos me dio la pauta de que algo de esto sucedió, yo vi sus caras de asombro, curiosidad por descubrir qué escondían aquellas palabras. Muchos de los textos tocaban temas interesantes, que invitaron al diálogo y a la reflexión, la mayoría leyó su papelito y aportó una idea, un pensamiento o alguna experiencia con la cual pudieron relacionar esos temas.
Por esos días, Andrea me habló de la unidad que me tocaría preparar llegado el momento de comenzar mi práctica: Literatura Precolombina. Por supuesto, acepté y le dije que no tenía inconvenientes, hasta  que llegué  a mi casa y más de uno surgió en mi cabeza. Me pregunté el qué, el cómo, y no se cuántos interrogantes más. Tenía que plantearme cómo dar de una manera creativa o agradable el “Popol Vuh”, “poesía precolombina” y por supuesto antes de entrar en estos temas las costumbres y características de los pueblos originarios.
Para mi sorpresa y alegría todo fue sucediendo de alguna manera. Me empapé de este tema que terminó resultándome apasionante y traté de transmitirles todo eso que no podía quedar en mí, todo ese “conocimiento”, ese “saber” era para ellos y ellos se dispusieron a recibirlo.
Luego de realizar una introducción al tema, en la segunda clase ya estaban todos leyendo los dos primeros capítulos del “Popol Vuh”, entre todos hablamos de cómo se había llevado a cabo el proceso de creación del hombre, reflexionamos sobre la religión del pueblo maya y los dioses que  mencionaba el texto, además de la importancia que éste libro tenía para su cultura ya que daba a conocer sus costumbres y creencias. Si bien surgieron dudas y preguntas, destaco una vez más la predisposición y participación de la mayoría. Éste grupo, siempre respondió bien y de alguna manera pude observarlo antes de comenzar a dar mis clases, y sabía que ese no sería un problema para mí. Lo que me interesaba era que verdaderamente ellos experimentaran el goce de entrar en contacto con un texto (retomo esta frase de Bárcena Orbe) y era mi tarea establecer ese puente.
Me fui contenta, pensando en lo positivo y en las modificaciones que debía hacer a mi guión conjetural. (Esta es una propuesta de Gustavo Bombini que consiste en realizar un relato de anticipación acerca cómo se llevarán a cabo las prácticas y que permite modificaciones mientras se avanza en ellas)
Posteriormente, leímos entre todos poesías precolombinas y algunas escritas después de la colonización española. Esto implicó un gran desafío ya que, hasta ese día, no me sentía del todo segura con la forma en que estaba abordando el tema. Nuevamente, me sorprendí: ellos tenían ganas de leerlas y de conversar sobre los temas que aparecían, y sobre las diferencias que presentaban unas y otras. Les propuse también escuchar canciones, lo cual nos llevó otra clase más y en la que tuve que retomar la lectura de las poesías por las chicas que no estuvieron presentes anteriormente, querían tener también la posibilidad de leer y comprender lo que veníamos haciendo. Otra vez con sus papeles en mano, tan cercanos  a un texto desconocido que se esforzaban por conocer.
Para culminar con mis prácticas, debía presentarles a los chicos una propuesta de escritura. Ellos tenían la posibilidad de elegir: una de las propuestas consistía en escribir una reflexión sobre lo que habíamos visto en cada una de las clases y la otra opción era escribir una poesía sobre algún tema específico de la unidad que les haya gustado más.
Creo que esta instancia es la que más disfruté, por varios motivos. En ese momento me recuerdo mucho más cercana a ellos,  sin miedos, cómoda, recorriendo cada banco y mirando a cada uno, ayudando a comenzar sus escritos pero también escuchando sus inquietudes y sus preguntas. Dialogando, compartiendo. Por otro lado, me alegró ver como muchos de ellos eligieron trabajar con poesía, con temas que hacían referencia al dolor de los pueblos originarios luego de la colonización española y al valor de la cultura de estos pueblos. Estos temas también surgieron en las reflexiones que si bien para muchos implicó un esfuerzo, ya que confundían esta propuesta con la de un texto expositivo, superaron las complicaciones y escribieron desde su mirada personal lo que habían  visto y aprendido a lo largo del módulo.

Me quedo con muchos interrogantes, pienso y reflexiono si fueron acertadas o no las consignas y si algo de todo esto los transformó, los modificó o permitió que “algo les pase”. Me pregunto, recurriendo una vez más a Bárcena Orbe, si será posible pensar a la educación como un “gesto literario”:
La educación como una forma de interpretación alejada de la sola función de control. La educación como experiencia, como posibilidad de que algo nos pase. La educación como inyección de imaginación. La educación como un viaje. Y también, y como la literatura, la educación como el encuentro con un posible desencanto, con la distancia entre lo real y la exigencia de cómo deberían ser las cosas. (Bárcena Orbe, 2012)
Como sostiene Melich (2002), es posible pensar en la experiencia como situaciones que nos han acontecido, que nos han atravesado y han dejado sus huellas, y vincularlo al aprendizaje.
Para seguir reflexionando, me pregunto ¿Cómo podemos lograr por medio de la educación un proceso de experiencia, de transformación en el cual ambos, docente y educando, se sientan atravesados por nuevos conocimientos?
Considero que en el proceso educativo para que surta efecto la transformación (de los educandos y de los docentes) se debe dar dentro en un ámbito de comunicación, diálogo y respeto entre las personas involucradas en dicho proceso.

Tania Coronda