Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra.
José Martí
Antes
del aula
La Residencia comienza mucho antes de
ingresar a un aula. Me atrevo a decir que nuestra Residencia comienza en el
momento, difuso tal vez, en que esbozamos poco a poco nuestro “rol docente”,
como solemos decir. Comienza cuando empezamos a elegir lo que queremos hacer
cuando demos clases y, lo que es más común, lo que no queremos reproducir.
Comienza cuando nos damos cuenta de que la Educación es política y tenemos que
tomar decisiones y nos problematizamos acerca de todo lo que implica trabajar
como profesor a la vez que somos estudiantes. Comienza cuando nos enojamos
porque un docente de nuestra Universidad no es como desearíamos que fuera en
pos de una Educación transformadora. Como sería muy extenso contarles todo lo
anterior y no es el fin de este encuentro, sí voy a desarrollar un poco mi
experiencia en el espacio curricular de Práctica Profesional Docente III.
Al comenzar el año, conversamos algunos
temas que nos interesaban y recordamos puntos centrales que hemos tocado a lo
largo de nuestra formación universitaria. Por supuesto, la ansiedad por conocer
a qué escuela iríamos estuvo desde marzo y fue tarea de las profesoras
tranquilizarnos y darnos calma. Es el momento de los nervios, los miedos, los
prejuicios, los anhelos, las expectativas.
A continuación, cito un fragmento de mi
cuaderno de bitácora:
15
de abril
Desde
que las profesoras nos confirmaron la residencia el día de ayer, no dejé de
pensar en lo que me esperaría. Los nervios y la ansiedad son insoslayables como
así también el temblequeo que me produce imaginarme frente a muchos ojos
observándome. Siento que todo lo que he anhelado desde que comencé a estudiar
en la universidad y, por qué no, desde que jugaba a la maestra cuando niña, poco
a poco se va concretando. De a poco, me voy convirtiendo en profesora, en
formadora de personas, en una huella profunda que calará quién sabe a cuántos
jóvenes.
De
esta manera, con más preguntas que respuestas, hoy a las 9 a.m. ingresé al 5° B
Naturales del Colegio Rivadavia. Antes, me encontré con la profesora de
Práctica, Beatriz, y mi tutora de residencia, Valentina, para conocernos antes
de empezar. Ambas me contuvieron y aconsejaron. Valentina me dijo que no deje
de sonreír y lo intenté (aunque no me costó porque estaba muy feliz en ese
momento). Entramos al aula y había 14 personas esperándonos, de las 17 que son
en el curso. Todos atentos, escucharon mi presentación y luego oí sus nombres
tratando de recordarlos.
Luego
de las formalidades, comenzó la clase. Sacamos “Bestiario” y empezamos a
trabajar el cuento “Lejana”. Primero, buscaron las palabras desconocidas;
mientras, la profe me contó muchas cosas sobre el funcionamiento del colegio,
la materia y sobre otras cuestiones sobre Literatura y su oficio de titiritera.
Posteriormente, los chicos leyeron el cuento en voz alta e intercambiamos
opiniones.
En
general, la clase fluyó de manera tranquila y sin sobresaltos. Yo me sentí muy
cómoda y creo que la profesora tiene mucho que ver en ello. Sigue hostigándome
un poco, tal vez, la inmensidad del colegio y el barullo constante que proviene
de los pasillos. Pienso que, lentamente, me iré acostumbrando. Me fui del aula
con muchas expectativas y ganas de volver. Creo que voy a poder trabajar muy
bien aquí y el vínculo entre todos los que conformamos el aula será fantástico.
(Bitácora; pág. 1)
Y así pasaron mis días en el aula,
conociendo a los chicos y tratando de poner todo de mí para que nuestro vínculo
fuera como deseaba: una relación basada en el respeto y la confianza, en el
afecto y el compañerismo. Pronto, tuve que elegir el tema que me tocaría dar y
comenzó el desafío de elaborar mi guion conjetural donde desarrollaría mi
propuesta para el aula. Con la ayuda de la profesora Beatriz, ante todas las
posibilidades que me abrió la profesora Valentina, elegí “Literatura de
reivindicación femenina” dentro del proyecto Literatura de los desplazados.
Con el tema en mi cabeza, me puse a
investigar qué había aprendido al respecto y qué podía llegar a utilizar. Por
supuesto, no fue fácil. Se me complicaba recortar y seleccionar, elegir lo que
considerara mejor o más significativo. Me daban ganas de que leyéramos a un
montón de escritoras, pero el tiempo era escaso. Tuve que pensarlo muy bien
antes de elegir y fue así que emprendí la escritura del guion, el cual fue
revisado una y otra y otra vez por ambas profesoras de la Cátedra. De todos
modos, lo más complicado devino de la toma de posición frente a un tema
bastante controversial.
“Estudiar
no es un acto de consumir ideas, sino de crearlas y recrearlas” P. Freire
¿Cómo les iba a pedir que pensaran como
yo? Tiré una piedra al estanque y dejé que allí algo sucediera. Nunca dejé de
sorprenderme ante los diversos resultados y ojalá hoy esa piedra siga
disparando ondas y esas ondas lleguen a alguna orilla.
Elegí hablar sobre Literatura de
reivindicación femenina, un tema que exige ineludiblemente tomar una postura
clara al respecto. Siempre tuve el miedo de “bajar línea” o de imponer mis
opiniones. Sin embargo, jamás pensé en ocultar lo que pienso o intentar dar el
tema de una manera objetiva porque es imposible y mentiroso. Además, si
queremos formar estudiantes críticos y comprometidos no podemos mostrarnos como
personas a-políticas o a-críticas.
Entonces, partí desde la idea de que las
mujeres siempre fuimos sujetas oprimidas en las sociedades occidentales y que
podíamos conversar sobre ello en la Literatura, teniendo contacto con nuestra
propia realidad y creando nuestras propias reflexiones. A su vez, no quería que
la Literatura fuera un mero discurso a través del cual decir algo o denunciar
una injusticia, por lo que también me mostré como lectora y eso fue muy
interesante. A los y las estudiantes les gusta saber qué nos enamora, qué nos
disgusta, qué nos enoja porque a ellos también les pasan cosas por el cuerpo.
Cito nuevamente un fragmento de mi cuaderno
de bitácora:
10
de agosto
En
PPD III, conversamos sobre nuestros guiones conjeturales. El mío fue producto
de mucha investigación, exploración, de idas y vueltas con las profesoras, de
cambios de rumbo. Considero muy importante el guion conjetural, que tomamos de
Gustavo Bombini, como una guía y como un organizador que nos obliga a hacer un
recorte en función de nuestros objetivos y del grupo. Dos compañeras ya
empezaron su práctica y otras estamos muy próximas. A mí me toca mañana y tengo
una mezcla de sentimientos y preocupaciones que me desestabiliza un poco.
Uno
de mis principales miedos es mi relación con los chicos. Siento que no he
sabido construir un vínculo fuerte y ameno con ellos y eso ha llevado a que no
los conozca tanto. Por otro lado, confío en mis conocimientos, en mi formación
y en mi pasión por esta profesión. Intento dejar algunas sensaciones de lado,
algunos sentimientos muy profundos e íntimos que me puedan llegar a quebrar.
Mis
profesoras de Práctica, Valentina y mis compañeras me alientan y me empujan
para adelante. Para mí es muy importante saber que hay personas acompañándome y
que, si algo sale mal, me van a ayudar a remediarlo. (Bitácora; pág. 6)
11
de agosto
Pasó
el primer día de mi práctica y me dejó muchos interrogantes. Me sentí cómoda,
muy poco nerviosa y pude hablar claro sin trabarme. Eso, para mí, ya fue un
gran paso. Sentí que el aula es mi lugar y es lo que deseo para mi vida.
En
un primer momento, como había planificado, interpelé a los estudiantes sobre el
nombre del proyecto y del tema que vamos a trabajar. Les comenté la propuesta y
cuál es el camino que les propongo que sigamos. Aquí ya se me presentó una
cuestión no menor que continuó durante la clase y que era de mis principales
miedos por lo poco que los conozco: nadie habló, nadie me respondió, sólo una
chica. Por momentos, había silencios que, luego de unos segundos, habité con
reflexiones sobre el tema. Yo hubiera preferido que fuera una conversación, en
términos de Skliar, pero no lo fue y me volví a mi casa con el desafío de
revisar esta cuestión y de repensar qué tan indagadoras son mis preguntas.
Movían la cabeza asintiendo que entendían, me miraban, me “prestaron atención”,
pero yo no sé qué les sucedió a ellos en este encuentro porque no me dijeron nada.
Luego
les comenté sobre la actividad y se dispusieron a hacerla. Emplearon los
celulares para buscar palabras desconocidas y dos o tres para enviar mensajes o
estar en Facebook. Valentina, cuando los veía a estos últimos, les decía que
los guarden. Siento que ella, en todo momento, veló por mi bienestar y quiso
que me sintiera cómoda. Dos grupos trabajaron muy bien y se notaba que les
interesó el tema. El grupo de tres varones no trabajó tanto, aunque por
momentos buscaban información y anotaban algo. El otro grupo, el principal
desafío para mi práctica, no demostró demasiado interés y una estudiante me
“desafiaba” algunas veces, como hace con Valentina, en “pose de rebelde”.
De
este último grupo, destaco un momento en el que Martín me interpeló con “Este
es Español español, el correcto”. No dejé pasar la oportunidad para que
reflexionemos sobre esa afirmación, para que pongamos en cuestión nuestra idea
sobre “hablar bien”, pero seguí sin tener respuesta. Sí noto que lo que les
digo les suena novedoso o, por lo menos, raro. Eso me da la pauta de que algo
se van a llevar de mi paso por el aula y me da un poco de esperanza de que en
las próxima clases podamos dialogar realmente. Sé que tienen mucho para decir y
les falta animarse. Y a mí me falta crear las condiciones o el ambiente ameno
para que podamos conversar de igual a igual.
De
la clase me fui con un sabor amargo porque considero que, si bien me escucharon
y tal vez entendieron de qué estamos hablando, no los movilizó demasiado mi
propuesta. No me quedo conforme y voy a repensar la actividad de mañana. Tal
vez sea necesario que leamos un poema de Sor Juana juntos. O, tal vez, Storni
los atraiga más. (Bitácora; pág. 7)
Como podrán observar, el panorama era un
poco desalentador al principio. No obstante, en la clase siguiente se revirtió
y logramos discutir ideas a partir de la experiencia y formación de cada uno.
Fue interesante el intercambio, la diversidad de opiniones que despertaron las Redondillas de Sor Juana y cómo entre
los propios compañeros se contra-argumentaban.Surgieron cuestiones de
actualidad como la crianza de los hijos y la Marcha del #NiUnaMenos, pero también reflexiones sobre la Historia del
Patriarcado y la cultura machista en la que vivimos.
El elogio oportuno fomenta el mérito, y la falta de elogio lo
desanima." J. Martí
Luego de algunas semanas de leer a poetas y oír cantantes, de
cambiar sobre la marcha lo que había “guionado”, pero sin perder el hilo, las y
los estudiantes emprendieron la escritura de sus propios versos. Fue una
aventura, para mí, pasar por los bancos y acompañar a los chicos. Noté que los
extrañó un poco encontrarse con una consigna “larga”, pero a la vez se
sintieron acompañados supongo. Y, como lo venía anticipando en días anteriores,
comenzaba a asustarme un poco la exigencia de revisar sus escritos e, incluso,
ponerles una nota. Por ello, es importante tener en claro qué queremos lograr
con nuestro paso por el aula y, desde allí, partir con la propuesta concreta y
los criterios para revisar las producciones.
A veces, creemos que si elogiamos a nuestros estudiantes los
trasladaremos a un lugar de mediocridad y estancamiento. Creemos que la
autonomía y la emancipación deben construirlas solas y solos, que el carácter
se forma en la austeridad de uno consigo mismo. Nada más lejos de la realidad.
La enseñanza implica un vínculo y mucho más que eso. Implica que ese vínculo se
un fueguito que jamás dejemos apagar. Es allí donde debemos poner nuestro
cuerpo y nuestra cabeza para que juntos, profesoras y estudiantes, logremos
alcanzar nuestros objetivos.
Hoy, luego de pensar muchas veces sobre lo que hice en mi
Práctica, sigo pensando que seguramente no le presté suficiente atención a algún
estudiante. No dejo de reflexionar sobre lo que sucede con aquellas y aquellos
que no hablan, que no dicen, que no nada y que, sin embargo, nos están diciendo
todo con su silencio. Pienso que una debe estar atenta a todo lo que sucede en
el aula, pero también a lo que no sucede. Hemos estudiado en varios espacios
curriculares que lo “no dicho” es quizás lo más difícil de considerar, pero no
menos importante que lo verbalizado.
Finalmente, llegó el día en que dejaría el aula.
Sinceramente, yo estaba un poco cansada por las exigencias de la Universidad,
la militancia y la vida diaria. En algún punto, deseaba terminar mi Residencia.
Sin embargo, cuando llegó el día de despedirme, sentí que estaba abandonando un
espacio único e irrepetible en el que había conocido personas maravillosas y en
el cual aprendí muchísimo. Al pronunciar mis últimas palabras en el aula se me
hizo un nudo en la garganta. Si bien no soy partidaria de las despedidas, sabía
que esta era particular y yo estaba y estoy muy agradecida con ese curso que me
abrió sus puertas y me hizo parte, con esa profe que siempre fue tan amable
conmigo y me dejó total libertad para trabajar e incluso para elegir el tema.
Fue una experiencia con todas las letras. Definitivamente, no soy la misma
persona luego de ese 5° “B” Naturales y mucho menos después de esos 16 escritos
tan movilizadores que escribieron los chicos y que con gusto los convidaría en
cualquier lugar.
Luego del aula
Durante y luego de mi Residencia, las
clases Práctica siguieron consolidándose como un espacio de reflexión y de
construcción de conocimiento colectivo que siento que me enseña mucho. En el
Aula virtual, hace algunos días, Juli, una compañera de Práctica, nos compartió
un poema de Juarroz aludiendo a la enseñanza de Literatura:
7
Cuando
se ha puesto una vez el pie del otro lado
y
se puede sin embargo volver,
ya
nunca más se pisará como antes
y
poco a poco se irá pisando de este lado el otro lado.
Es
el aprendizaje
que
después no se resigna,
a
que todo lo demás,
sobre
todo el amor,
no
haga lo mismo.
El
otro lado es el mayor contagio
hasta
los mismos ojos cambian de color
y
adquieren el tono transparente de las fábulas.
Me pareció una excelente intervención
para expresar que uno atraviesa hacia otro lugar cuando ama la Literatura. Y
también es atravesado. Y qué importante
contagiar a "este lado" de todo lo que tiene "el otro
lado". Y creo que se trata de eso enseñar Literatura. Creo que se trata de
convidar, de mostrar, de abrir ese otro lado que a veces parece cerrado y que
algunas personas parecen querer cerrar como una urna funeraria, como una cámara
de frío que conserve intacto por mucho tiempo lo que está ahí adentro. Y no se
dan cuenta que "lo que está ahí adentro", la Literatura, nos
pertenece a todas y todos porque habla de nosotros y porque existe gracias a
que existimos.
Y lo digo con muchas metáforas porque no
sé si se puede referir a la Literatura de otra manera. ¿Qué es la Literatura?
¿Qué es Literatura y qué no? Para explicarlo siempre tenemos que acudir a una
metáfora, a un sentimiento, a una situación, a un momento de nuestra vida o de
LA vida. Siempre es relativo y está sujeto al sujeto o a la sujeta que está
pensando en esas preguntas.
Entonces, pienso que enseñar Literatura
también es enseñar a hacernos preguntas sobre ella y a tratar de responderlas,
pero nunca a dar por finalizado ese debate con nosotrxs mismxs y con otrxs.
El fueguito de la Literatura
será encendido una y otra vez en la historia de la Humanidad. Estoy segura.
Estoy segura porque es imposible vivir toda una vida sin hacernos preguntas
sobre la condición humana y tratar de responderlas. Estoy segura porque es
imposible vivir toda una vida sin imaginar una historia. Porque siempre
existirán niños, de verdad (biológicamente hablando) o interiores (no-biológicamente
hablando) y de ellos nacerán historias y canciones y poemas. Porque siempre
habrá un profe o una profe de Lengua y Literatura o cualquier otra persona que
ame la Literatura y desee que otros lo hagan también. Porque cuando uno ama
algo desea que todo el mundo lo sepa y que lo haga porque no hay nada más lindo
que amar. Y por eso es que Juli nos comparte poesía siempre y ni se imagina lo
que eso puede generar.
“La Educación no cambia el mundo: cambia a las personas que
van a cambiar el mundo” P. Freire
Agradezco que hoy estén aquí muchas compañeras y muchos
compañeros que eligieron el camino de esta hermosa tarea. Tomaron esta decisión
con valor, con ingenuidad tal vez, con amor a los otros y, sobre todo, con
curiosidad. Las y los invito, compañeros, a que nunca dejen de pensar a la
Educación como una forma de amor, de calidez, de armonía, de comunidad.
En mis prácticas, fui testigo y partícipe de una enseñanza:
nada bueno podremos lograr en un aula si no lo llevamos adelante con amor y, no
menos importante, con la convicción de que en esas cuatro paredes somos todos y
todas diferentes, pero iguales en nuestros derechos.
Seremos educadoras y educadores. Tomemos nuestra tarea con
responsabilidad y convicción. No crean que todo está perdido, que nada puede
mejorar. Nos compete ser optimistas además de pedagógicos, alegres además de
expertos, vitales además de estudiosos.
Cuando ingresen a un aula, hagan un esfuerzo por dejar sus
pre-conceptos fuera porque sino sus prácticas se verán siempre limitadas y la
Educación no puede tener un techo. Es muy difícil, pero necesario. A mí me
costó y me sigue costando despojarme de todas esas cosas que he escuchado en mi
paso por el Sistema educativo y que nada aportan a nuestras reflexiones. “Que
los chicos no tienen imaginación”, “Que hay que aplicar mano dura para que
aprendan”, “Que las nuevas generaciones están perdidas”, “Que el trabajo en
equipo no sirve porque se ponen a charlar”.
Y me pregunto. ¿Para qué estoy en un aula? ¿Por qué elegí
este oficio de enseñar que es tan complejo y agotador? La verdad es que no
tengo una respuesta. Pienso que esa respuesta irá mutando conforme pasen los
años. Lo que sí no negocio es que estoy en un aula porque creo, casi con
religiosidad, que la Educación transformará el mundo y lo hará más justo, más
digno y nos hará libres a los seres humanos. Es por ello que lo que quiero para
el mundo trato de trasladarlo a mis prácticas, a lo cotidiano, al día a día.
Siento indispensable fomentar la solidaridad y el compañerismo, la reflexión y
el cuestionamiento, la pregunta y el compromiso, lo particular y lo colectivo,
lo autobiográfico y todos los mundos locos que se nos puedan ocurrir.
Macarena Aguilar