domingo, 15 de noviembre de 2015

Experiencia de Macarena Aguilar

Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra.
José Martí
Antes del aula
La Residencia comienza mucho antes de ingresar a un aula. Me atrevo a decir que nuestra Residencia comienza en el momento, difuso tal vez, en que esbozamos poco a poco nuestro “rol docente”, como solemos decir. Comienza cuando empezamos a elegir lo que queremos hacer cuando demos clases y, lo que es más común, lo que no queremos reproducir. Comienza cuando nos damos cuenta de que la Educación es política y tenemos que tomar decisiones y nos problematizamos acerca de todo lo que implica trabajar como profesor a la vez que somos estudiantes. Comienza cuando nos enojamos porque un docente de nuestra Universidad no es como desearíamos que fuera en pos de una Educación transformadora. Como sería muy extenso contarles todo lo anterior y no es el fin de este encuentro, sí voy a desarrollar un poco mi experiencia en el espacio curricular de Práctica Profesional Docente III.
Al comenzar el año, conversamos algunos temas que nos interesaban y recordamos puntos centrales que hemos tocado a lo largo de nuestra formación universitaria. Por supuesto, la ansiedad por conocer a qué escuela iríamos estuvo desde marzo y fue tarea de las profesoras tranquilizarnos y darnos calma. Es el momento de los nervios, los miedos, los prejuicios, los anhelos, las expectativas.
A continuación, cito un fragmento de mi cuaderno de bitácora:
15 de abril
Desde que las profesoras nos confirmaron la residencia el día de ayer, no dejé de pensar en lo que me esperaría. Los nervios y la ansiedad son insoslayables como así también el temblequeo que me produce imaginarme frente a muchos ojos observándome. Siento que todo lo que he anhelado desde que comencé a estudiar en la universidad y, por qué no, desde que jugaba a la maestra cuando niña, poco a poco se va concretando. De a poco, me voy convirtiendo en profesora, en formadora de personas, en una huella profunda que calará quién sabe a cuántos jóvenes.
De esta manera, con más preguntas que respuestas, hoy a las 9 a.m. ingresé al 5° B Naturales del Colegio Rivadavia. Antes, me encontré con la profesora de Práctica, Beatriz, y mi tutora de residencia, Valentina, para conocernos antes de empezar. Ambas me contuvieron y aconsejaron. Valentina me dijo que no deje de sonreír y lo intenté (aunque no me costó porque estaba muy feliz en ese momento). Entramos al aula y había 14 personas esperándonos, de las 17 que son en el curso. Todos atentos, escucharon mi presentación y luego oí sus nombres tratando de recordarlos.
Luego de las formalidades, comenzó la clase. Sacamos “Bestiario” y empezamos a trabajar el cuento “Lejana”. Primero, buscaron las palabras desconocidas; mientras, la profe me contó muchas cosas sobre el funcionamiento del colegio, la materia y sobre otras cuestiones sobre Literatura y su oficio de titiritera. Posteriormente, los chicos leyeron el cuento en voz alta e intercambiamos opiniones.
En general, la clase fluyó de manera tranquila y sin sobresaltos. Yo me sentí muy cómoda y creo que la profesora tiene mucho que ver en ello. Sigue hostigándome un poco, tal vez, la inmensidad del colegio y el barullo constante que proviene de los pasillos. Pienso que, lentamente, me iré acostumbrando. Me fui del aula con muchas expectativas y ganas de volver. Creo que voy a poder trabajar muy bien aquí y el vínculo entre todos los que conformamos el aula será fantástico. (Bitácora; pág. 1)
Y así pasaron mis días en el aula, conociendo a los chicos y tratando de poner todo de mí para que nuestro vínculo fuera como deseaba: una relación basada en el respeto y la confianza, en el afecto y el compañerismo. Pronto, tuve que elegir el tema que me tocaría dar y comenzó el desafío de elaborar mi guion conjetural donde desarrollaría mi propuesta para el aula. Con la ayuda de la profesora Beatriz, ante todas las posibilidades que me abrió la profesora Valentina, elegí “Literatura de reivindicación femenina” dentro del proyecto Literatura de los desplazados.
Con el tema en mi cabeza, me puse a investigar qué había aprendido al respecto y qué podía llegar a utilizar. Por supuesto, no fue fácil. Se me complicaba recortar y seleccionar, elegir lo que considerara mejor o más significativo. Me daban ganas de que leyéramos a un montón de escritoras, pero el tiempo era escaso. Tuve que pensarlo muy bien antes de elegir y fue así que emprendí la escritura del guion, el cual fue revisado una y otra y otra vez por ambas profesoras de la Cátedra. De todos modos, lo más complicado devino de la toma de posición frente a un tema bastante controversial.
“Estudiar no es un acto de consumir ideas, sino de crearlas y recrearlas” P. Freire
¿Cómo les iba a pedir que pensaran como yo? Tiré una piedra al estanque y dejé que allí algo sucediera. Nunca dejé de sorprenderme ante los diversos resultados y ojalá hoy esa piedra siga disparando ondas y esas ondas lleguen a alguna orilla.
Elegí hablar sobre Literatura de reivindicación femenina, un tema que exige ineludiblemente tomar una postura clara al respecto. Siempre tuve el miedo de “bajar línea” o de imponer mis opiniones. Sin embargo, jamás pensé en ocultar lo que pienso o intentar dar el tema de una manera objetiva porque es imposible y mentiroso. Además, si queremos formar estudiantes críticos y comprometidos no podemos mostrarnos como personas a-políticas o a-críticas.
Entonces, partí desde la idea de que las mujeres siempre fuimos sujetas oprimidas en las sociedades occidentales y que podíamos conversar sobre ello en la Literatura, teniendo contacto con nuestra propia realidad y creando nuestras propias reflexiones. A su vez, no quería que la Literatura fuera un mero discurso a través del cual decir algo o denunciar una injusticia, por lo que también me mostré como lectora y eso fue muy interesante. A los y las estudiantes les gusta saber qué nos enamora, qué nos disgusta, qué nos enoja porque a ellos también les pasan cosas por el cuerpo.
Cito nuevamente un fragmento de mi cuaderno de bitácora:
10 de agosto
En PPD III, conversamos sobre nuestros guiones conjeturales. El mío fue producto de mucha investigación, exploración, de idas y vueltas con las profesoras, de cambios de rumbo. Considero muy importante el guion conjetural, que tomamos de Gustavo Bombini, como una guía y como un organizador que nos obliga a hacer un recorte en función de nuestros objetivos y del grupo. Dos compañeras ya empezaron su práctica y otras estamos muy próximas. A mí me toca mañana y tengo una mezcla de sentimientos y preocupaciones que me desestabiliza un poco.
Uno de mis principales miedos es mi relación con los chicos. Siento que no he sabido construir un vínculo fuerte y ameno con ellos y eso ha llevado a que no los conozca tanto. Por otro lado, confío en mis conocimientos, en mi formación y en mi pasión por esta profesión. Intento dejar algunas sensaciones de lado, algunos sentimientos muy profundos e íntimos que me puedan llegar a quebrar.
Mis profesoras de Práctica, Valentina y mis compañeras me alientan y me empujan para adelante. Para mí es muy importante saber que hay personas acompañándome y que, si algo sale mal, me van a ayudar a remediarlo. (Bitácora; pág. 6)
11 de agosto
Pasó el primer día de mi práctica y me dejó muchos interrogantes. Me sentí cómoda, muy poco nerviosa y pude hablar claro sin trabarme. Eso, para mí, ya fue un gran paso. Sentí que el aula es mi lugar y es lo que deseo para mi vida.
En un primer momento, como había planificado, interpelé a los estudiantes sobre el nombre del proyecto y del tema que vamos a trabajar. Les comenté la propuesta y cuál es el camino que les propongo que sigamos. Aquí ya se me presentó una cuestión no menor que continuó durante la clase y que era de mis principales miedos por lo poco que los conozco: nadie habló, nadie me respondió, sólo una chica. Por momentos, había silencios que, luego de unos segundos, habité con reflexiones sobre el tema. Yo hubiera preferido que fuera una conversación, en términos de Skliar, pero no lo fue y me volví a mi casa con el desafío de revisar esta cuestión y de repensar qué tan indagadoras son mis preguntas. Movían la cabeza asintiendo que entendían, me miraban, me “prestaron atención”, pero yo no sé qué les sucedió a ellos en este encuentro porque no me dijeron nada.
Luego les comenté sobre la actividad y se dispusieron a hacerla. Emplearon los celulares para buscar palabras desconocidas y dos o tres para enviar mensajes o estar en Facebook. Valentina, cuando los veía a estos últimos, les decía que los guarden. Siento que ella, en todo momento, veló por mi bienestar y quiso que me sintiera cómoda. Dos grupos trabajaron muy bien y se notaba que les interesó el tema. El grupo de tres varones no trabajó tanto, aunque por momentos buscaban información y anotaban algo. El otro grupo, el principal desafío para mi práctica, no demostró demasiado interés y una estudiante me “desafiaba” algunas veces, como hace con Valentina, en “pose de rebelde”.
De este último grupo, destaco un momento en el que Martín me interpeló con “Este es Español español, el correcto”. No dejé pasar la oportunidad para que reflexionemos sobre esa afirmación, para que pongamos en cuestión nuestra idea sobre “hablar bien”, pero seguí sin tener respuesta. Sí noto que lo que les digo les suena novedoso o, por lo menos, raro. Eso me da la pauta de que algo se van a llevar de mi paso por el aula y me da un poco de esperanza de que en las próxima clases podamos dialogar realmente. Sé que tienen mucho para decir y les falta animarse. Y a mí me falta crear las condiciones o el ambiente ameno para que podamos conversar de igual a igual.
De la clase me fui con un sabor amargo porque considero que, si bien me escucharon y tal vez entendieron de qué estamos hablando, no los movilizó demasiado mi propuesta. No me quedo conforme y voy a repensar la actividad de mañana. Tal vez sea necesario que leamos un poema de Sor Juana juntos. O, tal vez, Storni los atraiga más. (Bitácora; pág. 7)
Como podrán observar, el panorama era un poco desalentador al principio. No obstante, en la clase siguiente se revirtió y logramos discutir ideas a partir de la experiencia y formación de cada uno. Fue interesante el intercambio, la diversidad de opiniones que despertaron las Redondillas de Sor Juana y cómo entre los propios compañeros se contra-argumentaban.Surgieron cuestiones de actualidad como la crianza de los hijos y la Marcha del #NiUnaMenos, pero también reflexiones sobre la Historia del Patriarcado y la cultura machista en la que vivimos.
El elogio oportuno fomenta el mérito, y la falta de elogio lo desanima." J. Martí
Luego de algunas semanas de leer a poetas y oír cantantes, de cambiar sobre la marcha lo que había “guionado”, pero sin perder el hilo, las y los estudiantes emprendieron la escritura de sus propios versos. Fue una aventura, para mí, pasar por los bancos y acompañar a los chicos. Noté que los extrañó un poco encontrarse con una consigna “larga”, pero a la vez se sintieron acompañados supongo. Y, como lo venía anticipando en días anteriores, comenzaba a asustarme un poco la exigencia de revisar sus escritos e, incluso, ponerles una nota. Por ello, es importante tener en claro qué queremos lograr con nuestro paso por el aula y, desde allí, partir con la propuesta concreta y los criterios para revisar las producciones.
A veces, creemos que si elogiamos a nuestros estudiantes los trasladaremos a un lugar de mediocridad y estancamiento. Creemos que la autonomía y la emancipación deben construirlas solas y solos, que el carácter se forma en la austeridad de uno consigo mismo. Nada más lejos de la realidad. La enseñanza implica un vínculo y mucho más que eso. Implica que ese vínculo se un fueguito que jamás dejemos apagar. Es allí donde debemos poner nuestro cuerpo y nuestra cabeza para que juntos, profesoras y estudiantes, logremos alcanzar nuestros objetivos.
Hoy, luego de pensar muchas veces sobre lo que hice en mi Práctica, sigo pensando que seguramente no le presté suficiente atención a algún estudiante. No dejo de reflexionar sobre lo que sucede con aquellas y aquellos que no hablan, que no dicen, que no nada y que, sin embargo, nos están diciendo todo con su silencio. Pienso que una debe estar atenta a todo lo que sucede en el aula, pero también a lo que no sucede. Hemos estudiado en varios espacios curriculares que lo “no dicho” es quizás lo más difícil de considerar, pero no menos importante que lo verbalizado.
Finalmente, llegó el día en que dejaría el aula. Sinceramente, yo estaba un poco cansada por las exigencias de la Universidad, la militancia y la vida diaria. En algún punto, deseaba terminar mi Residencia. Sin embargo, cuando llegó el día de despedirme, sentí que estaba abandonando un espacio único e irrepetible en el que había conocido personas maravillosas y en el cual aprendí muchísimo. Al pronunciar mis últimas palabras en el aula se me hizo un nudo en la garganta. Si bien no soy partidaria de las despedidas, sabía que esta era particular y yo estaba y estoy muy agradecida con ese curso que me abrió sus puertas y me hizo parte, con esa profe que siempre fue tan amable conmigo y me dejó total libertad para trabajar e incluso para elegir el tema. Fue una experiencia con todas las letras. Definitivamente, no soy la misma persona luego de ese 5° “B” Naturales y mucho menos después de esos 16 escritos tan movilizadores que escribieron los chicos y que con gusto los convidaría en cualquier lugar.
Luego del aula
Durante y luego de mi Residencia, las clases Práctica siguieron consolidándose como un espacio de reflexión y de construcción de conocimiento colectivo que siento que me enseña mucho. En el Aula virtual, hace algunos días, Juli, una compañera de Práctica, nos compartió un poema de Juarroz aludiendo a la enseñanza de Literatura:
7
Cuando se ha puesto una vez el pie del otro lado
y se puede sin embargo volver,
ya nunca más se pisará como antes
y poco a poco se irá pisando de este lado el otro lado.
Es el aprendizaje
que después no se resigna,
a que todo lo demás,
sobre todo el amor,
no haga lo mismo.
El otro lado es el mayor contagio
hasta los mismos ojos cambian de color
y adquieren el tono transparente de las fábulas.
Me pareció una excelente intervención para expresar que uno atraviesa hacia otro lugar cuando ama la Literatura. Y también es atravesado.  Y qué importante contagiar a "este lado" de todo lo que tiene "el otro lado". Y creo que se trata de eso enseñar Literatura. Creo que se trata de convidar, de mostrar, de abrir ese otro lado que a veces parece cerrado y que algunas personas parecen querer cerrar como una urna funeraria, como una cámara de frío que conserve intacto por mucho tiempo lo que está ahí adentro. Y no se dan cuenta que "lo que está ahí adentro", la Literatura, nos pertenece a todas y todos porque habla de nosotros y porque existe gracias a que existimos.
Y lo digo con muchas metáforas porque no sé si se puede referir a la Literatura de otra manera. ¿Qué es la Literatura? ¿Qué es Literatura y qué no? Para explicarlo siempre tenemos que acudir a una metáfora, a un sentimiento, a una situación, a un momento de nuestra vida o de LA vida. Siempre es relativo y está sujeto al sujeto o a la sujeta que está pensando en esas preguntas.
Entonces, pienso que enseñar Literatura también es enseñar a hacernos preguntas sobre ella y a tratar de responderlas, pero nunca a dar por finalizado ese debate con nosotrxs mismxs y con otrxs.
El fueguito de la Literatura será encendido una y otra vez en la historia de la Humanidad. Estoy segura. Estoy segura porque es imposible vivir toda una vida sin hacernos preguntas sobre la condición humana y tratar de responderlas. Estoy segura porque es imposible vivir toda una vida sin imaginar una historia. Porque siempre existirán niños, de verdad (biológicamente hablando) o interiores (no-biológicamente hablando) y de ellos nacerán historias y canciones y poemas. Porque siempre habrá un profe o una profe de Lengua y Literatura o cualquier otra persona que ame la Literatura y desee que otros lo hagan también. Porque cuando uno ama algo desea que todo el mundo lo sepa y que lo haga porque no hay nada más lindo que amar. Y por eso es que Juli nos comparte poesía siempre y ni se imagina lo que eso puede generar.
“La Educación no cambia el mundo: cambia a las personas que van a cambiar el mundo” P. Freire
Agradezco que hoy estén aquí muchas compañeras y muchos compañeros que eligieron el camino de esta hermosa tarea. Tomaron esta decisión con valor, con ingenuidad tal vez, con amor a los otros y, sobre todo, con curiosidad. Las y los invito, compañeros, a que nunca dejen de pensar a la Educación como una forma de amor, de calidez, de armonía, de comunidad.
En mis prácticas, fui testigo y partícipe de una enseñanza: nada bueno podremos lograr en un aula si no lo llevamos adelante con amor y, no menos importante, con la convicción de que en esas cuatro paredes somos todos y todas diferentes, pero iguales en nuestros derechos.
Seremos educadoras y educadores. Tomemos nuestra tarea con responsabilidad y convicción. No crean que todo está perdido, que nada puede mejorar. Nos compete ser optimistas además de pedagógicos, alegres además de expertos, vitales además de estudiosos.
Cuando ingresen a un aula, hagan un esfuerzo por dejar sus pre-conceptos fuera porque sino sus prácticas se verán siempre limitadas y la Educación no puede tener un techo. Es muy difícil, pero necesario. A mí me costó y me sigue costando despojarme de todas esas cosas que he escuchado en mi paso por el Sistema educativo y que nada aportan a nuestras reflexiones. “Que los chicos no tienen imaginación”, “Que hay que aplicar mano dura para que aprendan”, “Que las nuevas generaciones están perdidas”, “Que el trabajo en equipo no sirve porque se ponen a charlar”.
Y me pregunto. ¿Para qué estoy en un aula? ¿Por qué elegí este oficio de enseñar que es tan complejo y agotador? La verdad es que no tengo una respuesta. Pienso que esa respuesta irá mutando conforme pasen los años. Lo que sí no negocio es que estoy en un aula porque creo, casi con religiosidad, que la Educación transformará el mundo y lo hará más justo, más digno y nos hará libres a los seres humanos. Es por ello que lo que quiero para el mundo trato de trasladarlo a mis prácticas, a lo cotidiano, al día a día. Siento indispensable fomentar la solidaridad y el compañerismo, la reflexión y el cuestionamiento, la pregunta y el compromiso, lo particular y lo colectivo, lo autobiográfico y todos los mundos locos que se nos puedan ocurrir.

Macarena Aguilar



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