lunes, 16 de noviembre de 2015

Presentación

Este blog ha sido creado con la finalidad de compartir con todos y todas el recorrido y la experiencia obtenida a lo largo de este año en las residencias y en la práctica docente en las escuelas de nivel medio.

Somos estudiantes de la cátedra de Practica Profesional Docente III, del profesorado de Lengua y Literatura de la Universidad Nacional de Villa María; Córdoba, Argentina.

Las profesoras a cargo: Beatriz Vottero, Graciela Csaky y la ayudante Luz Camilloni propusieron un panel donde tuvimos la oportunidad de expresar lo que fue nuestro recorrido por las escuelas públicas y privadas de la ciudad de Villa María. Pero sabemos que a los conocimientos y experiencias debemos compartirlas, no sólo en las aulas sino al mundo entero, porque consideramos que la educación es el pilar fundamental para cualquier sociedad y consideramos que al mostrar nuestro trabajo realizado y sus logros estamos brindando al otro la ayuda, el pilar y las ganas que se necesitan para ser y formarse en profesores y profesoras. Es por esto que compartimos con ustedes nuestras ponencias en este blog.

Agradecemos cada aporte, cada palabra de aliento, cada sugerencia. Agradecemos a nuestra Universidad y profesoras por el trabajo y la confianza depositada en cada una de nosotras.

                                                                                 Estudiantes de la Práctica Profesional Docente III.








Palabras simples, simples palabras. Beatriz Vottero

Quisiera expresar, al cierre de este año lectivo y como responsable de la Cátedra de Práctica Profesional Docente III de nuestro querido Profesorado de la UNVM, que todas y cada una de las alumnas han hecho un gran trabajo; cada clase y cada tutoría fueron instancias de encuentro donde significó un aliciente escucharlas, ver la pasión, el interés por aprender, por seguir -siempre- aprendiendo, no sólo de los libros y del "saber" que permanentemente convoca a saber más, sino también unas de otras, solidaria y fraternalmente. Fue hermoso, asimismo, contagiarnos del asombro y la alegría que les producían los chicos en las aulas con sus intervenciones, sus escritos, sus preguntas, sus respuestas.

Me anima sentir que por fin las cosas están cambiando porque hay coraje, convicción, decisión, esperanza. Porque se trabaja mucho en nuestro Profesorado, desde cada una de las cátedras, por una formación académica de alto nivel, que no ceja en la búsqueda y en la renovación de los debates e investigaciones en cada una de las disciplinas que atraviesan el curriculum. Porque además sumamos permanentemente instancias de formación y de capacitación, sobre la base de las políticas extensionistas y de investigación de la UNVM, para darles a nuestros alumnos y profesores mejores recursos y siempre más acceso y participación en las diversas manifestaciones de la cultura y de la realidad social que reclama nuestra intervención como profesionales formados en la Universidad Pública.

Me regocija saber que los alumnos y egresados de nuestro Profesorado YA son la nueva generación de profesores que renueva la enseñanza de la Lengua y la Literatura, tomando la herencia que todos los profesores de la Universidad y de las escuelas les dejamos para recrearla, para ser mejores que nosotros. Como dice Hanna Arendt, “la educación es el punto en el cual decidimos si amamos al mundo lo suficiente como para asumir una responsabilidad por él, y de esa manera salvarlo de la ruina inevitable que sobrevendría si no apareciera lo nuevo, lo joven. Y la educación también es donde decidimos si amamos a nuestros niños [y jóvenes] lo suficiente como para no expulsarlos de nuestro mundo y dejarlos librados a sus propios recursos, ni robarles de las manos la posibilidad de llevar a cabo algo nuevo, algo que nosotros no previmos; si los amamos lo suficiente para prepararlos por adelantado para la tarea de renovar un mundo común.”

La Literatura nos extiende puentes, pasarelas, túneles, y también abismos para animarse a atravesarlos desplegando las alas.

Celebro la palabra, “ese pájaro de plata posado en el anca del aire”, como la nominó Edith Vera. La palabra que nos permite disentir, consensuar, preguntar, responder, dudar, buscar, bucear, explorar los sentidos del universo que nos circunda y del que somos parte sustantiva, que exige nuestro compromiso y nuestra apuesta a una escuela entendida como un derecho inalienable para todos, y en particular para quienes menos han recibido.
Celebro el lenguaje que nos construye, nos interroga, nos dice y nos hace libres.


Profesora Beatriz Vottero



Racimo de palabras. Graciela Csaky

Después de un intenso año de trabajo quisiera ofrecerles un racimo de palabras:

Compartir el camino,
conversar las posibilidades,
posibilitar los encuentros.
Amparar las angustias,
suavizar los miedos,
acompañarnos.
Decir las inseguridades
Palabrar las experiencias
y dejarse atravesar por ellas.
Sentir al otro, a los otros,
espejarnos en sus vidas.
Compartir el camino, siempre.
Caminando el compartir, siempre.


Profesora Graciela Csaky


Educar. Luz Camilloni

Educar

Educar es lo mismo
que poner motor a una barca…
hay que medir, pesar, equilibrar…
… y poner todo en marcha.
Para eso,
uno tiene que llevar en el alma
un poco de marino…
un poco de pirata…
un poco de poeta…
y un kilo y medio de paciencia
concentrada.

Pero es consolador soñar
mientras uno trabaja,
que ese barco, ese niño
irá muy lejos por el agua.
Soñar que ese navío
llevará nuestra carga de palabras
hacia puertos distantes,
hacia islas lejanas.

Soñar que cuando un día
esté durmiendo nuestra propia barca,
en barcos nuevos seguirá
nuestra bandera
enarbolada.

Gabriel Celaya

Tomo estas bellas palabras de Celaya para expresar la alegría y el orgullo que siento por haber sido testigo, aunque solo haya acompañado la etapa final, del hermoso trabajo que han realizado. Orgullosa por ver en sus miradas, en sus palabras, tanta pasión y compromiso por esta gran profesión que hemos elegido, la docencia.
Escucharlas y poder compartir con ustedes sus vivencias, sus experiencias, sus trasformaciones me ha enriquecido y ha llenado certezas mi esperanza. La certeza de que es posible lo imposible siempre que haya voluntad, pasión y entrega.
Su pasión,  sus deseos cargados de compromiso, la voluntad, el compañerismo, el respeto y el amor pusieron en marcha la barca de la educación. Y es por eso que vimos tantos barcos navegar, bucear a través de la palabra.

Las invito a seguir soñando imposibles, a seguir trabajando juntas salvando distancias, abriendo nuevos caminos, nuevas formas. A seguir luchando con el alma y el corazón en pleno vuelo.


Luz Camilloni



Experiencia de Valeria Pipino

Mi año universitario fue muy especial, luego de no asistir por un tiempo, decidí terminar mis estudios. Resultó ser una decisión totalmente acertada,  me regocijó el alma volver a recorrer los pasillos de las Universidad, las aulas, reencontrarme con los profes, conocer nuevas compañeras y hacer nuevas y lindas amistades.
Antes de comenzar  mi recorrido por la PPP III, mi incertidumbre era enorme, no sabía con qué me iba a encontrar o con quiénes, si me iban a recibir bien, si me iba a integrar. Fue una gran sorpresa cuando mis profes me recibieron con mucho entusiasmo dándome otra oportunidad, el afecto que me brindaron mis compañeras sin excluirme, al contrario, fui siempre una más.. y recorrí mi año de una manera especial, no como todas porque mis prácticas ya las transcurrí y disfruté años anteriores. Me encontré con una materia distinta, con nuevos planteamientos, otros interrogantes, materiales que nos enriquecieron y nos ayudaron a responder algunas dudas. Las experiencias dentro de las aulas de mis compañeras, me hicieron recodar mi paso por el Abrahan Juárez, y sus vivencias las sentí propias. Sus nervios fueron los mismos que los míos, sus inquietudes y alegrías también.
Ya no como practicante, pero sí dentro de las aulas, pude aportar mis experiencias y también mis inquietudes. Es un largo camino el que comenzamos a recorrer y es mucho más fácil y agradable si se comparte con personas como todas ustedes que se alientan, se acompañan y aconsejan en cada paso. Espero que nunca olvidemos ni dejemos de lado este entusiasmo que hoy nos invade a todas y que siempre recordemos nuestros encuentros de los lunes con nuestras profes. Y, por último, deseo que todas sigamos aportando nuestro granito a la educación y que sigamos confiando en nuestros pequeños alumnos que esperan deseosos una enseñanza que despierte sus ganas de involucrase y de aprender. 
Ojalá siempre vivamos fervientemente esta gran pasión y vocación que reafirmamos día tras día. Agradezco infinitamente a cada una de las que integra la cátedra, a las profes Beatriz y Graciela, a Luz y a todas ustedes, mis compañeras.

                               Valeria Pipino




domingo, 15 de noviembre de 2015

Experiencia de Daniela Asfura

Comenzar a hablar de mi residencia me resulta una tarea sencilla e incluso apasionante por lo agradable que me resultó esa experiencia, aunque quizás –y seguramente- no logre expresar todo lo que ocurrió en mí en ese trayecto que se extendió desde abril hasta fines de agosto. Risas, palabras, anécdotas, confidencias, preguntas, emocione, conforman un listado de palabras que son más que palabras. Si tuviese que resumir mi residencia en cinco minutos –como ocurre en esta ocasión- con esas palabras podrías hacerlo y me sobraría tiempo.
Comencé mi residencia con un par de dudas y una gran ansiedad. Temblé en mi primera clase, casi lloro en la última. Me encontré personas asombrosas que me enseñaron bastantes, otras que me hicieron reflexionar, un par que siguen intrigándome. Me encontré con esos sujetos de los que tanto teorizamos, a los que le atribuimos demasiados defectos o varias virtudes; con una página en blanco, un tema, una propuesta, treinta y ocho rostros, infinitas palabras desordenadas. Me encontré con teorías del aprendizaje, con estrategias didácticas, con demandas, con mi Yo de hace 5 años; con dos profesoras, un tutor, unas cuantas compañeras. Me encontré con tantas cosas que no puedo negar que de eso se trata. Porque cada clase es un encuentro; las que tuvimos en la universidad, las que ocurren en el curso, las que suceden en la soledad de la escritura.
Llevo cuatro años dentro de la universidad, pero son trece más los que tengo dentro del sistema. Son una larga lista de profesores, son diversos métodos de enseñanza, son diferentes ideologías que forman parte de todo ese recorrido donde me formé como esta proto-profesora que puso todo su esmero, ilusiones, expectativas en cada palabra escrita en el guion. Si, un guion; donde fuimos más allá de un listado de objetivos que deben tener sus verbos en infinitivo y que deben concordar con la sentencia “el alumno será capaz de…”. Donde no sólo hay lugar para la delimitación del tema; sino donde también para dudas, miedos, formas. En el que no copiamos veinte consignas, sino donde escribimos, re-escribimos, re-re- escribimos una consigna para esos chicos, nuestros chicos.
No siento que haya perdido el tiempo aquellos días de invierno en los que mi preocupación sólo era mi quinto educación física, el Nuevo Periodismo, Walsh, Capote. Esos días me la pasaba pensando cómo enseñar a treinta y ocho chicos de quinto año, de la especialidad Educación física del Instituto Secundario Bernadino Rivadavia, un tema cuasi literario: el Nuevo Periodismo; y fueron varias las horas que pasé encontrándole el sentido en el programa. Lo signifiqué desde mis ideales –porque es cierto que ser educador es ser político en tanto que no es posible y no debiera serlo, poder separarse de lo que como sujeto se es- y concluí que más allá de los recursos que ayudan en la escritura de este tipo de texto, lo fundamental es desnaturalizar la intencionalidad de los periodistas, escritores, personas; porque sólo así dejamos de ser ingenuos y podemos reflexionar acerca del lenguaje mismo y su no neutralidad. Aunque no lo trabajé en profundidad –porque el tiempo en el aula corre- esta postura permite trabajar, por ejemplo, la sintaxis de un modo diferente al trabajado tradicionalmente, porque no sólo es importante saber si una palabra es un sustantivo o un adjetivo, sino reflexionar acerca de porqué está ahí, qué función cumplía. A grandes rasgo lo conseguí pero sostengo que es una labor que no debe reducirse a un tema sino que, en estos tiempos, es necesaria durante toda la formación.
Quinto Educación física del Instituto Secundario Bernadino Rivadavia todo un desafío para mí. Primero por la institución ya que no fue mi primera elección, fue más bien coincidencia de horario. Segundo, un quinto año de treinta y ocho adolescentes; nunca antes pensado por mí en mis planificaciones pasadas, porque obviamente no era el arquetipo ideal que estaba en mi mente cuando en las clases de Didáctica pensaba en un curso de veinticinco estudiantes. Tercero, educación física; adolescentes hiperactivos que aman el deporte pero ¿qué tanto les interesa Lengua?
Cuarto, mes de agosto justo con el comienzo de los preparativos para Farándula, todo un evento para ellos que supone una “pérdida de tiempo” (pensado desde afuera). Pero si miraba cada uno de estos puntos con la negatividad que los acabo de narrar, iba a ser imposible llevar a cabo mis clases. Opté por ingresar al curso dejando de lado cada uno de esos prejuicios: la mejor decisión de mi vida. Sólo así puede dejarme sorprender por cada uno de mis “chiquis” como siento llamarlos. Sólo así conocí sus historias, sus pasiones, sus secretos. Sólo así pude encontrarme con ellos.
Considero que mi mayor mérito fue ese: conocerlos y permitir que me conozcan. Ese vínculo tan hermoso que formamos me dio fuerzas y valentía para enfrentarlos aquel jueves de agosto en la primera clase; y aun así temblé los ochenta minutos y ellos lo notaron (por ellos sé que temblé) e hicieron todo para que me sienta cómoda. Ellos mismos no me reconocieron esa clase, pero no me lo dijeron sino hasta el último día. Fue una ayuda que pasó inadvertida por mí, pero inconscientemente lo supe: no me estaban evaluando, me estaban escuchando; no estaban esperando que me equivocara, estaban tendiéndome una mano para que no me ahogue en tanta agua nueva.
El resto de las clases se iban dando casi por inercia, con su colaboración, me sentí cada vez más cómoda parada al frente, recorriendo los bancos, respondiendo dudas. Mis clases consistieron en un proceso inverso al que comúnmente nos encontramos en las aulas: partí del texto literario para explicar la teoría; fueron dos clases en las que buceamos por diferentes textos: noticias periodísticas, titulares de diarios que comparamos, relatos de non fiction de un escritor cordobés. Dos clases teóricas continuaron en las que retomamos constantemente aquellas características que percibimos casi intuitivamente las clases anteriores, para transformarlas en categorías conceptuales del género Nuevo Periodismo. A continuación, como instancia evaluativa  les planteé una propuesta de escritura inventiva que consistía en concretizar todos los conceptos trabajados (desde la teoría y la lectura misma) en un texto con características del género abordado; algunos la resolvieron técnicamente mejor que otros; que algunos le dedicaron mayor tiempo y otros no resolvieron (en el tiempo que permanecí con ellos).. Allí reside mi deuda pendiente con ellos. Debí acompañarlos más en esa instancia y quizás exigirles un poco más. Esa deuda, en cierta medida, me atormenta.
Más allá de las palabras lindas que puedo decir, hay una realidad que es necesaria dejarla en claro para evitar desilusiones futuras: a lo largo de la residencia y de la práctica no siempre salen las cosas como uno supone o quisiera; pero aunque nos posicionamos como profesores, seguimos formándonos y el error es algo inevitable que también es parte del aprendizaje. Incluso aunque nos recibamos y tengamos veinte años de docencia, jamás tenemos que olvidarnos que estamos en un constante proceso de formación; que debemos estar abiertos al cambio y las innovaciones que nuestros alumnos nos proponen o exigen. Porque además cada curso, cada uno de los miembros de ese curso, es distinto y uno no es el mismo siempre, sino que la experiencia lo transforma.
Si pienso en mi práctica hay varias cosas que cambiaría, porque ya no soy la misma de hace dos meses atrás, ya estuve frente a ellos, ya me encontré con cada uno, ya puedo vislumbrar cuáles fueron mis errores. Con esta experiencia cambié, crecí, aprendí.

Es inexpresable la gratitud que tengo hacia Javier, mi tutor, y hacia cada uno de mis alumnitos que ocupan un lugarcito en mi corazón y que no van a permanecer en el olvido jamás (aunque suene cursi o sacado de una película yanqui), porque ellos fueron mis primeros alumnos, con ellos viví el momento más lindo: mi primera clase.  Me comprometo, durante los años venideros, conservar el recuerdo de esta etapa, de las cosas que salieron bien, de las cosas que no salieron tan bien, porque en ella estoy segura que voy a encontrar las razones suficientes para seguir adelante en esta profesión tan linda y compleja que elegí hace un par de años y que volvería a elegir. 
Daniela Asfura


Experiencia de Milena Melgarejo

Cuando inicié el Profesorado traía conmigo muchas incertidumbres, a algunas fui sorteándolas en el camino pero otras nuevas aparecieron cuando llegó el momento de cursar la última práctica.  ¿En qué colegio me tocará hacer la residencia? ¿Quiénes serán mis primeros alumnos? ¿Les caeré bien? ¿Y si me preguntan algo que no sé? ¿Qué hago? ¿Qué digo? Todas estas preguntas me hacía y les hacía a mis profes y compañeras.
Me tomó de sorpresa una mañana, un mensaje de las profes comunicándome que a mitad de Abril comenzaría mi residencia en el IPEM N° 147 “Manuel Anselmo Ocampo”, en 4to año B Naturales, con la profesora María José Rinaldi. Estaba tan nerviosa y ansiosa que no veía la hora de que llegara ese día.

A continuación voy a compartir algunos momentos de mi residencia porque siento que fue y es una etapa de total aprendizaje, de afianzamiento, de superación, de esperanza y de amor por lo que elegimos: la docencia.
Lunes, siete y media de la mañana. Yo no conocía a la famosa profe Marijó pero me dijeron “es chiquitita y sonriente”, para que la identifique. Y en la puerta de la escuela, acompañada por la profe Beatriz,  me encontré con ella. Subimos a formar y luego fuimos al curso. Había 25 caritas mirándome, no entendían qué hacía ahí, hasta que su profesora los saludó y les dijo que yo iba a presentarme. Las profes de la práctica nos pidieron que llevemos más o menos pensado qué íbamos a decir en nuestra presentación. Bueno, todo lo que había planeado la noche anterior para contarles, no me salió. Igual les conté lo fundamental: cómo me llamo, cuántos años tengo, de dónde soy y cómo está conformada mi familia, qué y dónde estudiaba, cuánto tiempo iba a quedarme con ellos y qué era lo que iba a hacer. En silencio todos me escucharon, o por lo menos eso percibí.
Ubiqué un banco al costado derecho del escritorio de la profe y ella comenzó la clase. Les repartió una fotocopia a cada uno sobre los “Diez consejos de Julio Cortázar para escribir un cuento” y los chicos iban leyendo un ítem cada uno en voz alta. Cuando llegó el punto número 4, Marijó preguntó quién quería leerlo y una alumna respondió “que lea la profe” señalándome. Me tomó de sorpresa, lo leí y siguió la clase. Me gustó que me haya hecho participar, por más que haya sido una sola la alumna que lo pidió. Me fui contenta.
Mientras iba pasando el tiempo se iba afianzando la relación con los chicos, me pedían que lea, me agregaban a Facebook, comenzaron a ponerme Mg y un chico, muy tímido en clase, me escribió por chat. Ese día me contó que a él le gusta mucho la música y que tiene una guitarra que heredó de su papá, que este falleció cuando él era muy pequeño pero que deseaba seguir sus pasos en cuanto a lo artístico. Me sentí especial, estaba contándole algo muy importante de su vida a alguien que no conocía.
Y así fueron pasando los meses; aprendiendo sus nombres, ayudándolos con las actividades, leyendo entre todos, conociendo sus historias, sus gustos y tantas otras cosas. “Profe, ¿qué hizo el finde? ¿Vio que perdió River?”, “Profe, ayer discutí con mi novio, hace tres años que estamos juntos, ya no lo aguanto (y se reía)”, “Profe, ¿cuándo nos va a dar clase usted?”…escribo esto y me parece que los escucho.
La profe María José me ofreció su planificación para que yo elija el tema que quería dar en mi práctica. En ese momento estaba avanzada la unidad n° 2, entonces decidí tomar un tema de la unidad n° 3: Dentro del Género Dramático, Teatro Argentino: concepto, orígenes y evolución; acompañado de una obra de teatro de Armando Discépolo llamada “Mateo”. Y acá me surgieron otras dudas, ¿cómo doy este tema en una modalidad de Taller? ¿Cómo hago para que los chicos se interesen? Comencé a buscar bibliografía, videos, leí la obra y redacté la primera versión del Guion Conjetural. Cito a Gustavo Bombini y a Paula Labeur, quienes describen qué tenemos que tener en cuenta a la hora de escribir un Guion Conjetural:
“(…)En él imagina cómo serán sus clases, cómo desarrollará los temas que haya elegido o le hayan asignado, qué hará, qué dirá, qué propondrá hacer a sus alumnos e imagina también qué harán sus futuros alumnos en sus clases, cómo espera que reaccionen a sus propuestas (…)”
Ese guion fue y vino muchas veces, principalmente trabajamos el tema de la consigna porque creemos que allí está la motivación que tenemos que reforzar ya que, como plantea Maite Alvarado, “(…) una consigna bien formulada no cierra, abre”. De este modo, las primeras clases estuvieron listas, siempre con la opción de modificar algo según el trascurso de las mismas, y llegó el momento de dar inicio a mis prácticas.
Amanecí el lunes 7 de septiembre, seis de la mañana, para ir a hacer lo que tanto soñé. Llegué al colegio, María José me estaba esperando. Subimos a formar y cuando estábamos bajando las escaleras para entrar al curso, mi mente se quedó en blanco. Sólo sabía que era el momento. Mari me cedió su escritorio. Saqué mis cosas y las puse sobre él. Me temblaba todo.
‘Buen día chicos. Ha llegado el momento de realizar lo que les conté el primer día que llegué acá: mi práctica’ Todos callados, con algunas miradas cómplices, me prestaban atención. Anoté en el pizarrón “Mateo” 1923 – Armando Discépolo. Comencé preguntándole a los chicos si sabían de la existencia de teatros acá en Villa María, si habían concurrido a alguno, si en algún momento leyeron una obra literaria de éste género, entre otras cosas, a lo que varios me respondieron y eso me tranquilizó bastante. Ya casi no temblaba. Vimos dos videos de YouTube en los cuales se observó dos escenas de la obra de teatro que leeríamos la segunda clase. Mientras los comentábamos yo iba haciendo referencia a algunos de los acontecimientos históricos, políticos-socioculturales que sucedieron en esa época. Ya había dado todo lo que tenía planificado y cuando miré el reloj faltaban 10 minutos para que toque el timbre. 10 minutos, entré en pánico. Pero ya se pueden imaginar quiénes “me salvaron”. Sí, ellos, mis alumnos. Comenzaron a hacer más preguntas sobre el tema, hablamos de los inmigrantes; de sus padres, abuelos y bisabuelos. Tocó el timbre y seguíamos charlando. Fue genial.
Para la segunda clase yo había planeado que leamos la obra de Teatro en el aula, así que invité a Juli, Gabi y Giuli, tres amigas y compañeras de la práctica III, para que lean “Mateo” conmigo y la profe Marijó. La estructura de la obra está formada por tres cuadros y sus personajes hablan el Cocoliche, una mezcla del italiano y nuestro idioma, que nació en las épocas de inmigración. En el segundo cuadro, tres de los alumnos tomaron un personaje y leyeron con nosotras sin ningún inconveniente. Todos tenían las copias y seguían la lectura con la vista.
Así fueron transcurriendo las clases, los chicos me escuchaban, participaban, me hacían sentir realmente su profe. El último día hicimos en el aula un desayuno literario. Allí, ellos leyeron sus producciones, las cuales surgieron de las consignas que yo les di. Éstas consistían en: la primera, hacer un monólogo con un oficio que esté desapareciendo, hecho desde un personaje adulto de la actualidad. Luego, tenían que darle a una parte de ese monólogo un formato de rap. Los chicos al principio se quejaban de que “era muy difícil” pero después la hicieron sin ningún inconveniente. 
Es muy difícil contar en 5 minutos todo lo que viví en el transcurso de este año en el aula con los chicos. Siento que ellos confiaron en mí porque yo les demostré que confiaba en ellos. El último día les dije que estaba orgullosa de cada uno, que les agradecía por haberme hecho parte de su grupo, por haberme respetado desde el primer día. Les conté que tuve la posibilidad de elegir a qué colegio quería ir y que, cuando me enteré que iba a ir al MAO, me puse muy feliz. Que si tuviese que volver a cursar ésta práctica los volvería a elegir porque me llenaron el alma, porque aprendí con ellos, porque conocí a una profe que lleva la vocación en el corazón y que me transmitió muchos valores, porque me fui FELIZ y llena de recuerdos, porque se puede, porque todos somos capaces de cumplir nuestros sueños si realmente lo deseamos.   
Para finalizar este escrito les dejo una cita de Fernando Bárcena Orbe que a mí me hizo pensar a la educación como una instancia de constante aprendizaje, en la que no todo va a salir como queremos pero que eso nos tiene que dar fuerzas para mejorar y crecer día a día. Para valorar los momentos, para no mirar hacia un costado, para involucrarnos con nuestro futuro: ellos. 
“(…) Educación como experiencia, como posibilidad de que algo nos pase. La educación como inyección de imaginación. La educación como un viaje. Y también, y como la literatura, la educación como el encuentro con un posible desencanto, con la distancia entre lo real y la exigencia de cómo deberían ser las cosas (…)”

Milena Melgarejo