Educar
Educar es lo mismo
que poner motor a una barca…
hay que medir, pesar, equilibrar…
… y poner todo en marcha.
Para eso,
uno tiene que llevar en el alma
un poco de marino…
un poco de pirata…
un poco de poeta…
y un kilo y medio de paciencia
concentrada.
Pero es consolador soñar
mientras uno trabaja,
que ese barco, ese niño
irá muy lejos por el agua.
Soñar que ese navío
llevará nuestra carga de palabras
hacia puertos distantes,
hacia islas lejanas.
Soñar que cuando un día
esté durmiendo nuestra propia barca,
en barcos nuevos seguirá
nuestra bandera
enarbolada.
Gabriel Celaya
Tomo estas bellas palabras de Celaya para expresar la alegría y el
orgullo que siento por haber sido testigo, aunque solo haya acompañado la etapa
final, del hermoso trabajo que han realizado. Orgullosa por ver en sus miradas,
en sus palabras, tanta pasión y compromiso por esta gran profesión que hemos
elegido, la docencia.
Escucharlas y poder compartir con ustedes sus vivencias, sus
experiencias, sus trasformaciones me ha enriquecido y ha llenado certezas mi
esperanza. La certeza de que es posible lo imposible siempre que haya voluntad,
pasión y entrega.
Su pasión, sus deseos cargados de
compromiso, la voluntad, el compañerismo, el respeto y el amor pusieron en marcha
la barca de la educación. Y es por eso que vimos tantos barcos navegar, bucear
a través de la palabra.
Las invito a seguir soñando imposibles, a seguir trabajando juntas
salvando distancias, abriendo nuevos caminos, nuevas formas. A seguir luchando con
el alma y el corazón en pleno vuelo.
Luz
Camilloni


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