El presente
escrito, surge en el marco de una propuesta por parte de la cátedra Práctica
Profesional Docente III, que tiene como objetivo narrar los hechos más
significativos de mi primer contacto con un espacio áulico, en una institución
pública de la ciudad de Villa María.
Una noche de abril
llegó un mensaje a mi celular. Era de la profesora Beatriz. Mis manos parecían
algo temblorosas, porque sospechaba su contenido. Decía: “Juli estás confirmada en el MAO, con la profe Euge, los lunes de 9 a
10:20hs y miércoles de 7:30 a 9hs, en un 5to B de Naturales”. Así fue que supe a qué colegio concurriría.
A los pocos días de
enterada dónde haría mis prácticas, se comenzó a hablar en las clases, con las
profes, de la posibilidad de iniciar pronto las residencias. Lo que significa
que pasamos un tiempo considerable con los chicos, para lograr un vínculo más
estrecho, para conocernos. De este modo, llegado el momento de dar nuestras
clases, ellos ya sabrían cuál sería nuestra tarea allí. Además fue un período
que nos permitió acercarnos a cada uno de ellos, aprender sus nombres y algo
sobre sus historias. Lo que fue sumamente significativo e importante.
Fue así, que una
mañana de agosto, 7 y 25hs. me encontré, de repente, sin poder meditarlo
demasiado, parada en frente de la institución. Hacía muchísimo frío. Llegué a
la hora que habíamos acordado. Me encontraría con las profes en la entrada.
Beatriz me acompañó y Euge, mi tutora, que fue quien me cedió el espacio de su
aula, me esperó allí.
Entré, si bien
había tenido la oportunidad de conocer el colegio antes, recuerdo, que ese día
lo miré con ojos curiosos, observé la gran escalera de mármol blanco y el
amplio espacio que me separaba de ella. Lo primero que me pregunté fue dónde
estaría quinto, si arriba o abajo. Para mi alegría, quinto estaba arriba, así
fue que, con Euge y un grupo de profes, fuimos a formar.
La directora estaba
en frente, hablaba, pero no la escuchaba. El mundo estaba detenido para mí. Pensaba.
No sabía qué más pensar, parecía que había agotado las posibilidades durante la
noche, en el sueño. A lo lejos escuchaba que aplaudían y el corazón se me
aceleraba, estaba por salírseme del pecho. Fue entonces que nos dirigimos al
aula. Ya todos estaban adentro. Euge me dio el paso, esperamos que ellos
hicieran silencio y, con una mirada, la profe me cedió el lugar para que me
presentara.
Ellos me escucharon
con respeto y me hicieron algunas preguntas. “¿Profe, es de acá?, ¿Profe, tiene novio o novia?, ¿Profe, hasta cuándo
se va a quedar?”. Luego, me dirigí hacia un banco a un costado del aula,
adelante, cerca del escritorio y me senté. Mientras miraba la enorme ventana que
daba paso a la luz, según avanzaba el día, no dejaba de retumbar en mis oídos
esos primeros “profes”. Ellos me nombraban así, en su mundo me identificaban
como su profe, y eso fue hermoso. En los últimos minutitos de esa clase,
siguieron las preguntas. Todo el tiempo habían estado observándome.
Y así, de a poco,
clase a clase, íbamos tomando confianza. En los siguientes encuentros, se me
acercaban, me hacían preguntas y, para mi sorpresa me alentaban, “Dele profe, ayúdenos, si usted también
sabe”. Sin dudas, habrían percibido en mi cara algunos miedos que iban
apareciendo. Porque la incertidumbre estaba ahí, cada clase, interpelándome,
junto a ellos.
Pasaron los días y
llegó el momento de dar mi tema. Dentro de la planificación de la profe Euge
aparecía, en el módulo tres, un apartado en mayúsculas que decía: POESÍA HISPANOAMERICANA DEL SIGLO XX.
Mis ojos se quedaron ahí. Después de charlarlo bastante con ella, acordamos que
daría ese tema. Más precisamente, los movimientos de vanguardias, donde
veríamos con los chicos dos de sus expresiones, el creacionismo y el
surrealismo, junto a poetas representantes como Oliverio Girondo, Alejandra
Pizarnik y Vicente Huidobro.
Una vez que tenía
delimitado el tema a dar, surgía la pregunta ¿cómo lo daría? Fue entonces que
comencé a redactar mi guión conjetural. Allí describimos el imaginario de
nuestras clases, lo que pensábamos que haríamos y diríamos en cada una de
ellas. Así fue que planteé unas cinco clases, que dado los feriados y algunos
viajes que realizaron los chicos, se extendieron a unas diez.
Lo primero que
propuse fue un acercamiento al contexto y a conceptos claves, luego, leeríamos
algunos poemas de los poetas elegidos y después veríamos algunas pinturas de
Dalí junto a algunos poemas que oiríamos recitados. El objetivo era, además de
que conocieran algunos escritores y de que leyeran poesía, que ellos hicieran
sus propias producciones escritas. Para lograrlo, las propuestas de mis consignas
estaban vinculadas a la escritura creativa.
A lo largo de mis
clases se me han presentado muchos desafíos, que hoy, al volver sobre esos
momentos, entiendo que son los que merecen importancia, sobre los que vale
reflexionar. Porque creo, que la práctica se vuelve rica cuando somos capaces
de poder pensarlas, de poder sincerarnos con nosotros mismos, para reconocer nuestras fortalezas y debilidades.
No quiero dejar de
mencionar que nuestra práctica cuenta con la posibilidad de que cada lunes, al
llegar a la cátedra, podamos compartir y debatir, junto a docentes y
compañeras, aquellas cosas que van sucediendo. Lo que nos ayuda a construir con
más claridad a nuestro YO educador. Es como si de pronto, nos pusiéramos en
escena, a través de nuestro propio relato y, cada una de las personas que
estamos en esa aula, ese día, nos mirara desde sus particularidades.
¿Qué he considerado
un desafío? Principalmente, aquellos momentos en que oía a los chicos renegar
para hacer la consigna. Muchos de ellos recibían la actividad y enseguida
empezaban a negarse. Entonces acechaban las preguntas, ¿qué no estaba claro en
el pedido que les hacía?, ¿en qué fallaba al explicárselas? ¿Por qué no están
entendiendo?, ¿realmente será que no entienden? Me decían que no entendían, que
no sabían qué tenían que hacer.
Entonces resolví ir
a cada banco, volver a leerlas junto a ellos, a esperarlos, a ofrecerle otras
opciones. A que sobre la misma consigna algunas cosas variaran o se adecuaran
más a ese chico. Porque todos sabemos que cada persona tiene sus tiempos, sus
procesos, y a veces, sólo lo que había que hacer era permanecer. A ellos,
algunos de los chicos, simplemente les costaba iniciar. Escribir no es una
tarea sencilla, nos predispone a cierto trabajo. Sin embargo, las consignas
propuestas se presentaban desde lo lúdico, para que ellos pudieran acudir a sus
creatividades. Las producciones escritas, planteadas desde el surrealismo y el
creacionismo, tenían sus complejidades. Había mucho juego con el sin sentido,
con emociones profundas y con las palabras.
Otro desafío
importante fue enfrentarme al curso cuando algunos de ellos llegaba al aula con
ojos llorosos, o habiendo pasado un momento difícil en lo personal. Porque a uno
lo descoloca, se vuelve desafiante seguir con la clase como si nada estuviera
pasando. Además, he tenido la fortuna de crear vínculos de confianza con
algunos de ellos, lo que me ha sorprendido, porque ellos mismos se acercaban y
me contaban sus situaciones, y así fueran pocas mis palabras, nunca faltaban
sus “gracias”.
Hoy creo que todo
el recorrido hecho ha dado sus frutos. Nunca olvidaré a ese quinto año, porque
me ha permitido conocerme en el papel de profe, porque me han fortalecido cada
una de las situaciones vividas, como así también verlos ahí cada lunes y
miércoles, ocupando sus lugares, esperando algo de nosotras y siempre teniendo
algo para entregarnos, para enseñarnos.
Mis prácticas han
sucedido, se han concretado, gracias a ellos. Y qué hermoso es verlos disfrutar
de sus trabajos terminados, verlos en la espera de una devolución. Me he
sentido valorada como humana y futura profe. Y espero que ellos también se
hayan sentido valorados, creo que eso es muy importante. Ellos necesitan ver
con claridad que confiamos plenamente en ellos, en sus capacidades.
A veces uno no sabe
cómo y por qué algunas cosas suceden como suceden. Me ha tocado un curso
numeroso, unido entre ellos, donde había respeto y se notaba el gran trabajo
que habían estado llevando adelante la profe Euge y sus colegas. Pero además,
se notaba el esfuerzo y compromiso que ellos mismos ponían cada día, con las
diferentes asignaturas. Y elijo quedarme con esto, con lo que me inspira a
seguir adelante, a no dejar la lucha que asumimos como docentes. Lucha que a
veces se vuelve contra uno mismo, porque las cosas no siempre salen como uno lo
espera o imagina, pero ahí está, para mí, la posibilidad de crecer y de
aprender, pero sobre todo, la de seguir creyendo.
Quiero agradecer a
mis compañeras de práctica, a las profes Beti, Graciela y Luz, a los chicos de
5to y, sobre todo a Euge, por tanto cariño, confianza y predisposición.
Dejo en palabras
del gran poeta Roberto Juarroz, un poema que habla del poder de la palabra.
9
Toda palabra llama a otra palabra.
Toda palabra es un imán verbal,
un polo de atracción variable
que inaugura siempre nuevas constelaciones.
Una palabra es todo el lenguaje,
pero es también la fundación
de todas las transgresiones del lenguaje,
la base donde se afirma siempre un
antilenguaje.
Una palabra es todavía el hombre.
Dos palabras son ya el abismo.
Una palabra puede abrir una puerta.
Dos palabras la borran.
Julieta Dominguez

José Martí, nuestro Héroe Nacional y el más universal de los cubanos, nos decía en su memorable ensayo “Nuestra América” que los pueblos que no se conocen han de darse prisa para conocerse, como quienes van a pelear juntos. Y de eso se trata, de pelear con las ideas, cada quien desde sus condiciones, sin sectarismos de ningún tipo; luchar con el conocimiento y la voluntad a favor de ese futuro que ya tenemos sentado en las aulas, porque lo que más nos une, pensando más allá de las fronteras nacionales, es el amor por ese preciado tesoro que tenemos en las escuelas y el sufrimiento por los que no han logrado acceder a ellas.
ResponderBorrarEstos tiempos retadores reclaman como nunca antes unidad entre nosotros los educadores; unidad a favor de los destinos de la niñez y la juventud; unidad con la convicción de que la educación es el instrumento más importante de que disponemos para enseñar a leer el mundo, para contribuir a su transformación y al crecimiento espiritual de los seres humanos.
Conferencia inaugural del Congreso Pedagogía 2015, de la Dra. C. Ena Elsa Velázquez Cobiella, Ministra de Educación de la República de Cuba