domingo, 15 de noviembre de 2015

Experiencia de Julieta Dominguez

El presente escrito, surge en el marco de una propuesta por parte de la cátedra Práctica Profesional Docente III, que tiene como objetivo narrar los hechos más significativos de mi primer contacto con un espacio áulico, en una institución pública de la ciudad de Villa María.
Una noche de abril llegó un mensaje a mi celular. Era de la profesora Beatriz. Mis manos parecían algo temblorosas, porque sospechaba su contenido. Decía: “Juli estás confirmada en el MAO, con la profe Euge, los lunes de 9 a 10:20hs y miércoles de 7:30 a 9hs, en un 5to B de Naturales”.  Así fue que supe a qué colegio concurriría.
A los pocos días de enterada dónde haría mis prácticas, se comenzó a hablar en las clases, con las profes, de la posibilidad de iniciar pronto las residencias. Lo que significa que pasamos un tiempo considerable con los chicos, para lograr un vínculo más estrecho, para conocernos. De este modo, llegado el momento de dar nuestras clases, ellos ya sabrían cuál sería nuestra tarea allí. Además fue un período que nos permitió acercarnos a cada uno de ellos, aprender sus nombres y algo sobre sus historias. Lo que fue sumamente significativo e importante.
Fue así, que una mañana de agosto, 7 y 25hs. me encontré, de repente, sin poder meditarlo demasiado, parada en frente de la institución. Hacía muchísimo frío. Llegué a la hora que habíamos acordado. Me encontraría con las profes en la entrada. Beatriz me acompañó y Euge, mi tutora, que fue quien me cedió el espacio de su aula, me esperó allí.
Entré, si bien había tenido la oportunidad de conocer el colegio antes, recuerdo, que ese día lo miré con ojos curiosos, observé la gran escalera de mármol blanco y el amplio espacio que me separaba de ella. Lo primero que me pregunté fue dónde estaría quinto, si arriba o abajo. Para mi alegría, quinto estaba arriba, así fue que, con Euge y un grupo de profes, fuimos a formar.
La directora estaba en frente, hablaba, pero no la escuchaba. El mundo estaba detenido para mí. Pensaba. No sabía qué más pensar, parecía que había agotado las posibilidades durante la noche, en el sueño. A lo lejos escuchaba que aplaudían y el corazón se me aceleraba, estaba por salírseme del pecho. Fue entonces que nos dirigimos al aula. Ya todos estaban adentro. Euge me dio el paso, esperamos que ellos hicieran silencio y, con una mirada, la profe me cedió el lugar para que me presentara.
Ellos me escucharon con respeto y me hicieron algunas preguntas. “¿Profe, es de acá?, ¿Profe, tiene novio o novia?, ¿Profe, hasta cuándo se va a quedar?”. Luego, me dirigí hacia un banco a un costado del aula, adelante, cerca del escritorio y me senté. Mientras miraba la enorme ventana que daba paso a la luz, según avanzaba el día, no dejaba de retumbar en mis oídos esos primeros “profes”. Ellos me nombraban así, en su mundo me identificaban como su profe, y eso fue hermoso. En los últimos minutitos de esa clase, siguieron las preguntas. Todo el tiempo habían estado observándome.
Y así, de a poco, clase a clase, íbamos tomando confianza. En los siguientes encuentros, se me acercaban, me hacían preguntas y, para mi sorpresa me alentaban, “Dele profe, ayúdenos, si usted también sabe”. Sin dudas, habrían percibido en mi cara algunos miedos que iban apareciendo. Porque la incertidumbre estaba ahí, cada clase, interpelándome, junto a ellos.
Pasaron los días y llegó el momento de dar mi tema. Dentro de la planificación de la profe Euge aparecía, en el módulo tres, un apartado en mayúsculas que decía: POESÍA HISPANOAMERICANA DEL SIGLO XX. Mis ojos se quedaron ahí. Después de charlarlo bastante con ella, acordamos que daría ese tema. Más precisamente, los movimientos de vanguardias, donde veríamos con los chicos dos de sus expresiones, el creacionismo y el surrealismo, junto a poetas representantes como Oliverio Girondo, Alejandra Pizarnik y Vicente Huidobro.
Una vez que tenía delimitado el tema a dar, surgía la pregunta ¿cómo lo daría? Fue entonces que comencé a redactar mi guión conjetural. Allí describimos el imaginario de nuestras clases, lo que pensábamos que haríamos y diríamos en cada una de ellas. Así fue que planteé unas cinco clases, que dado los feriados y algunos viajes que realizaron los chicos, se extendieron a unas diez.
Lo primero que propuse fue un acercamiento al contexto y a conceptos claves, luego, leeríamos algunos poemas de los poetas elegidos y después veríamos algunas pinturas de Dalí junto a algunos poemas que oiríamos recitados. El objetivo era, además de que conocieran algunos escritores y de que leyeran poesía, que ellos hicieran sus propias producciones escritas. Para lograrlo, las propuestas de mis consignas estaban vinculadas a la escritura creativa.
A lo largo de mis clases se me han presentado muchos desafíos, que hoy, al volver sobre esos momentos, entiendo que son los que merecen importancia, sobre los que vale reflexionar. Porque creo, que la práctica se vuelve rica cuando somos capaces de poder pensarlas, de poder sincerarnos con nosotros mismos, para  reconocer nuestras fortalezas y debilidades.
No quiero dejar de mencionar que nuestra práctica cuenta con la posibilidad de que cada lunes, al llegar a la cátedra, podamos compartir y debatir, junto a docentes y compañeras, aquellas cosas que van sucediendo. Lo que nos ayuda a construir con más claridad a nuestro YO educador. Es como si de pronto, nos pusiéramos en escena, a través de nuestro propio relato y, cada una de las personas que estamos en esa aula, ese día, nos mirara desde sus particularidades.
¿Qué he considerado un desafío? Principalmente, aquellos momentos en que oía a los chicos renegar para hacer la consigna. Muchos de ellos recibían la actividad y enseguida empezaban a negarse. Entonces acechaban las preguntas, ¿qué no estaba claro en el pedido que les hacía?, ¿en qué fallaba al explicárselas? ¿Por qué no están entendiendo?, ¿realmente será que no entienden? Me decían que no entendían, que no sabían qué tenían que hacer.
Entonces resolví ir a cada banco, volver a leerlas junto a ellos, a esperarlos, a ofrecerle otras opciones. A que sobre la misma consigna algunas cosas variaran o se adecuaran más a ese chico. Porque todos sabemos que cada persona tiene sus tiempos, sus procesos, y a veces, sólo lo que había que hacer era permanecer. A ellos, algunos de los chicos, simplemente les costaba iniciar. Escribir no es una tarea sencilla, nos predispone a cierto trabajo. Sin embargo, las consignas propuestas se presentaban desde lo lúdico, para que ellos pudieran acudir a sus creatividades. Las producciones escritas, planteadas desde el surrealismo y el creacionismo, tenían sus complejidades. Había mucho juego con el sin sentido, con emociones profundas y con las palabras.
Otro desafío importante fue enfrentarme al curso cuando algunos de ellos llegaba al aula con ojos llorosos, o habiendo pasado un momento difícil en lo personal. Porque a uno lo descoloca, se vuelve desafiante seguir con la clase como si nada estuviera pasando. Además, he tenido la fortuna de crear vínculos de confianza con algunos de ellos, lo que me ha sorprendido, porque ellos mismos se acercaban y me contaban sus situaciones, y así fueran pocas mis palabras, nunca faltaban sus “gracias”.
Hoy creo que todo el recorrido hecho ha dado sus frutos. Nunca olvidaré a ese quinto año, porque me ha permitido conocerme en el papel de profe, porque me han fortalecido cada una de las situaciones vividas, como así también verlos ahí cada lunes y miércoles, ocupando sus lugares, esperando algo de nosotras y siempre teniendo algo para entregarnos, para enseñarnos. 
Mis prácticas han sucedido, se han concretado, gracias a ellos. Y qué hermoso es verlos disfrutar de sus trabajos terminados, verlos en la espera de una devolución. Me he sentido valorada como humana y futura profe. Y espero que ellos también se hayan sentido valorados, creo que eso es muy importante. Ellos necesitan ver con claridad que confiamos plenamente en ellos, en sus capacidades.
A veces uno no sabe cómo y por qué algunas cosas suceden como suceden. Me ha tocado un curso numeroso, unido entre ellos, donde había respeto y se notaba el gran trabajo que habían estado llevando adelante la profe Euge y sus colegas. Pero además, se notaba el esfuerzo y compromiso que ellos mismos ponían cada día, con las diferentes asignaturas. Y elijo quedarme con esto, con lo que me inspira a seguir adelante, a no dejar la lucha que asumimos como docentes. Lucha que a veces se vuelve contra uno mismo, porque las cosas no siempre salen como uno lo espera o imagina, pero ahí está, para mí, la posibilidad de crecer y de aprender, pero sobre todo, la de seguir creyendo.
Quiero agradecer a mis compañeras de práctica, a las profes Beti, Graciela y Luz, a los chicos de 5to y, sobre todo a Euge, por tanto cariño, confianza y predisposición.
Dejo en palabras del gran poeta Roberto Juarroz, un poema que habla del poder de la palabra.
9

Toda palabra llama a otra palabra.
Toda palabra es un imán verbal,
un polo de atracción variable
que inaugura siempre nuevas constelaciones.
Una palabra es todo el lenguaje,
pero es también la fundación
de todas las transgresiones del lenguaje,
la base donde se afirma siempre un antilenguaje.
Una palabra es todavía el hombre.
Dos palabras son ya el abismo.
Una palabra puede abrir una puerta.

Dos palabras la borran.

Julieta Dominguez


1 comentario:

  1. José Martí, nuestro Héroe Nacional y el más universal de los cubanos, nos decía en su memorable ensayo “Nuestra América” que los pueblos que no se conocen han de darse prisa para conocerse, como quienes van a pelear juntos. Y de eso se trata, de pelear con las ideas, cada quien desde sus condiciones, sin sectarismos de ningún tipo; luchar con el conocimiento y la voluntad a favor de ese futuro que ya tenemos sentado en las aulas, porque lo que más nos une, pensando más allá de las fronteras nacionales, es el amor por ese preciado tesoro que tenemos en las escuelas y el sufrimiento por los que no han logrado acceder a ellas.
    Estos tiempos retadores reclaman como nunca antes unidad entre nosotros los educadores; unidad a favor de los destinos de la niñez y la juventud; unidad con la convicción de que la educación es el instrumento más importante de que disponemos para enseñar a leer el mundo, para contribuir a su transformación y al crecimiento espiritual de los seres humanos.
    Conferencia inaugural del Congreso Pedagogía 2015, de la Dra. C. Ena Elsa Velázquez Cobiella, Ministra de Educación de la República de Cuba

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